Desde el undécimo piso

Estaba asomada a la ventana del undécimo piso del edificio. A sus pies, la ciudad. La imagen le recordaba a una obra de Antonio López que había visto unos meses atrás. Sus pensamientos se vieron interrumpidos, como su respiración, cuando sintió cómo se abría la puerta de la habitación.

Percibió sus pasos acercándose; después su respiración, tan agitada como la de ella. Seguía muda e inmóvil. Él, más valiente, apartó suavemente su pelo del hombro mientras le susurró al oído un saludo cómplice. En ese momento una descarga eléctrica recorrió todo su cuerpo, que rápidamente fue superada por la que sintió con el beso que, sabia y traviesamente, él depositó en su cuello. Conocía sus puntos débiles. ¡Sabía tanto de ella…! Tanto como ella sabía de él.

Sin moverse, él acarició sus hombros con las manos con las que ella tantas veces había fantaseado. Los tirantes se rindieron, como ella hace unas semanas. Se dejo envolver por el abrazo sincero y sediento de él. Sintió su calor, su olor y su excitación. No había prisa, no había reglas. Sólo deseo.

A pesar de que el rubor aún cubría sus mejillas, ella se giró para sostener la mirada divertida de él. Siempre le había sorprendido la capacidad que ella tenía para despertar su ternura y lujuria al mismo tiempo.

El beso llegó. Pausado y tímido al principio. Húmedo y ardiente poco después. Aunque él siempre parecía muy seguro de sí mismo, ella percibió sus dudas. Conocía sus temores. Acarició su cuello y espalda mientras le ayudaba a quitarse la ropa.

La pasión reinó en la habitación durante las siguientes horas. Nada ni nadie les impidió disfrutar de sus fantasías, de todo lo que se habían dicho y de lo que aún no habían podido compartir.

Dicen que no hay nada peor que las expectativas, pero sus cuerpos, su deseo, sus caricias y el placer encajaron como lo habían hecho sus palabras durante los últimos meses.

Es increíble que todo empezara con un intercambio de tarjetas…


Este relato ha sido escrito para @divagacionistas en su convocatoria #relatosTarjetas de diciembre de 2017.

La imagen que acompaña al relato es una obra del pintor manchego Antonio López. “Madrid desde las Torres Blancas” (1976)