Todos son «días del padre»

Hoy es 19 de marzo, otro más. Creo que el vigésimo noveno que pasamos sin ti, papá, y, aunque escribo estas líneas con lágrimas en los ojos, no es un día tan diferente a los demás porque todos, todos y cada uno de los días que he vivido sin ti, te he echado (y te echo) de menos.

En otras ocasiones, en este mismo blog, he contado cómo fue para Bea y para mí perderte siendo tan pequeñas. Y también sobre las emociones que me provocó, y aún me provoca, una herida como aquella.

En parte lo hago por si, leerme, puede ayudar a personas que han vivido situaciones parecidas a no sentirse solas en su dolor. También lo hago por mí, para poder poner palabras a lo que siento, y un poquito también por ti, como si ésta pudiera ser una más de tantas conversaciones que teníamos, en las que tú me escuchabas y explicabas con infinita paciencia todo lo que a mí, tu microbio curioso y parlanchín, se me ocurría preguntarte.

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Sin ti, papá. Otro año más.

Hoy ya se cumplen 25. Sólo es un número. Una cifra para cuantificar el tiempo sin ti, el pasado desde tu muerte siendo yo todavía una niña.

Incredulidad. Es una de las primeras emociones que recuerdo haber sentido. ¿Cómo podía ser? Unos días antes estabas en casa. Malito, como nos decían los mayores sin más explicaciones, pero en casa. Te fuiste a una revisión. Rutinaria. La última. ¿Cómo podía ser? Nunca he podido recordar qué fue lo último que te dije. No creí que fuera necesario. Nunca imaginé que fuera a ser la última vez. Continuar leyendo «Sin ti, papá. Otro año más.»