La cerradura

Desde que tenía memoria era consciente de su existencia. También de que no debía hablarse de ella. No podía preguntar qué se escondía detrás, por qué estaba ahí o qué tenía de malo acercarse.

– ¡No se toca! – le decía su madre, mientras le apartaba, suave pero firmemente, la mano.
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