El sexo y el amor: ¿dos amigos con derecho a roce?

¿Cuántas veces has escuchado que el sexo con amor es mejor? Quizás menos de lo que lo han escuchado en generaciones anteriores porque, ahora, lo que está de moda es el sexo sin compromiso, sin ataduras y, si para un placer pleno es necesario, sin amor.

¿Somos capaces los seres humanos de separar el sexo y el amor? ¿Por qué parece que han de darse juntas? ¿Es culpa del mito del amor romántico o hay algo más?

Cuando se estudia la sexualidad humana, algunos enfoques se centran en la descripción de los comportamientos sexuales en las diferentes etapas de la vida. De ahí que pensemos que la sexología se reduce a la follología. Sin embargo, la sexualidad es mucho más amplia y compleja y por este motivo hay otros enfoques que se centran en la interacción de los sistemas que intervención en la experiencia erótica. ¡Toma ya! Para que luego se diga que nuestro vocabulario se reduce a vulva, vagina, pene y orgasmo.

Si no te lo he dicho en otras ocasiones, te lo cuento ahora: la sexualidad humana se aborda de forma multidisciplinar. Muchas son las ciencias que tiene algo que decir al respecto: la biología, la neurología, la endocrinología, la sociología, la antropología, … y, por supuesto, la psicología (así, barriendo para casa con disimulo). Te cuento todo esto para exponerte que cuando hablamos de experiencia erótica nos referimos al conjunto de afectos y emociones que van asociados al deseo erótico y los comportamientos sexuales explícitos que lo suelen acompañar.

Pero, ¿de dónde viene todo esto? El ser humano ha ido evolucionando gracias a la interacción de diferentes sistemas motivacionales (así los llaman la gente que escribe libros muy sabios) que permiten satisfacer nuestras necesidades básicas. Es decir, que, si hemos llegado hasta el siglo XXI siendo una de las principales plag…, perdón, especies que pueblan la Tierra es gracias a que somos capaces de cubrir ciertas exigencias para la supervivencia gracias al impulso que nos genera determinadas motivaciones.

Estas motivaciones nos llevan a poner en marcha una serie de respuestas y conductas que nos permiten satisfacer necesidades tan esenciales como la alimentación, el descanso, la exploración, el apego y la sexual. Por supuesto, todas estas conductas vienen acompañadas de emociones.

Ahora que hemos establecido una visión general, para psicología de la sexualidad, lo interesante es ver cómo se desarrollan las relaciones afectivo – sexuales para satisfacer las necesidades de apego, sexo, cuidados y exploración.

De lo asexual a lo sexual

Hace muchos, muchísimos millones de años tuvo lugar un cambio en los tipos de reproducción. Apareció la reproducción sexual y es que antes de ellas ¡no había sexo! ¡Eso sí que debió ser duro y no haber nacido en el País Vasco donde algunos se quejan amargamente de las chicas vascas somos rancias! En fin…

Inicialmente, la reproducción tenía lugar por mitosis.  Es decir, la célula se reproducía dando lugar a otras exactamente iguales que ella. Era rápido y simple. El único inconveniente era que siendo tan baja la diversidad, la capacidad de adaptación para la supervivencia se veía un poco limitada.

Así que, en un giro insospechado de guión, la naturaleza inventó la reproducción sexual, que tiene lugar por meiosis. Algo más compleja porque requiere de la combinación de células sexuales diferentes, pero que da lugar a una gran diversidad al combinar los cromosomas al azar, lo que favorece la capacidad de adaptación de los organismos.  

Una vez que la naturaleza inventó el sexo (luego llegaron el fútbol y la play station y se jorobó el invento), tenía que conseguir que estas dos formas, estos dos sexos, que debían unirse para reproducirse y perpetuar la especie, tuvieran ganas de hacerlo. ¿Cómo? Pues se sacó de la manga la atracción sexual. Había que encontrar la manera de que los sexos quieran confraternizar y satisfacer mutuamente su instinto sexual.

Bueno, hasta aquí parecía un plan sin fisuras hasta que, frungiendo y frungiendo, las especies fueron cada vez más complejas y… estas tardaban un poquito más en convertirse seres adultos independientes. Así que, si la naturaleza no conseguía que sobrevivieran, lo de la diversidad y la capacidad de adaptación se nos iba a ir al carajo, por lo que además de la motivación sexual, creó la necesidad de apego y cuidado. De esta forma garantizaban que los progenitores colaborasen, aunque en porcentajes poco simétricos, todo hay que decirlo, hasta que sus vástagos fueran capaces de sobrevivir por sí mismos.

El sexo y el amor, dos cosas diferentes

De modo que, de aquí parten dos de las principales motivaciones del ser humano: la sexual para poder reproducirse y la del apego para poder generar vínculos que garanticen la supervivencia de los individuos. Y, en el caso del ser humano, esto se manifiesta en el deseo erótico y en los vínculos amorosos.

Ahora es cuando alguien me dice “¿Ves, Laura, como el sexo es un instinto? Y tú diciendo en tus charlas que no… ¡hay que ver!” Entonces me pongo (aún más) repelente y resabidilla para responder que, en el caso de los humanos, desde el punto de vista filogenético, lo de la reproducción obligada por motivos de supervivencia y evolutivos queda bastante superada.  Las personas tenemos un telencéfalo, compuesto por la corteza cerebral, el hipocampo, la amígdala, y demás estructuras que nos permiten ser los seres complejos y contradictorios que somos. Por eso no podemos reducir nuestras conductas afectivo sexuales a lo que acabamos de ver.

Saberlo nos sirve para comprender que los seres humanos hemos heredado, genéticamente, los sistemas motivacionales para mantener relaciones sexuales y para motivarnos, es decir, para tener sexo y amor, pero es mucho más complejo, ¿verdad? De hecho, ¿cuántas veces de las que frungimos lo hacemos con fines reproductivos? Durex y Control tienen la respuesta en sus altos niveles de ventas 😉

Así que, sí, el sexo y el amor son dos motivaciones diferentes que suelen llevarse bien, pero no están obligadas a ir juntas. Y cuando pienses que el deseo sexual no te viene, que las ganas no llegan porque esperas que lo haga como la sed, el hambre o el sueño, recuerda que la libido es una emoción muy compleja que, aunque se sustenta en bases biológicas, está mediatizada por la cultura, las experiencias personales, las expectativas y que tienes más control para ponerla en marcha de la que crees, ya sea a solas o en compañía.