Sexualidad y lactancia

Son bastantes las consultas que giran en torno a la falta de deseo e intimidad sexual tras la llegada de un bebé y es que, aunque durante el embarazo se hace uno o varios másteres sobre lo que va a venir, no pasa lo mismo para saber cómo será la sexualidad post – parto y durante la lactancia. Hay muy poca (in)formación sobre cómo hacerlo, cuándo retomar, lo que cabe esperar y cómo resolver los problemas que puedan ir surgiendo.

Empecemos…

Lo cierto es que, si hay lactancia, lo más probable es que haya un nuevo miembro en la familia en torno al cual se organiza… todo: los horarios, las comidas, el sueño, el trabajo, los momentos para uno mismo (si es que los hay), para la pareja, la familia y para la vida social.

Todo cambia. Nuestra sexualidad también. De hecho, ya cambió durante el embarazo. En Gente despierta hablamos de ello la pasada temporada (si te apetece, puedes escucharlo aquí).  Y los cambios… continúan.

¿Qué pasa?

Que nuestra libido, nuestra capacidad para excitarnos y experimentar placer han disminuido demasiado o hasta pueden haber desaparecido, quedando sepultados por el cansancio, el estrés, la falta de sueño…

Podemos abordar esta situación desde diferentes aspectos como la idealización de la maternidad y la paternidad, la relación de pareja, las dificultades para conciliar la vida profesional y personal… pero hoy vamos a centrarnos en las relaciones sexuales y, aunque las tenemos con todo el cuerpo y no sólo con los genitales, es importante que le demos una vuelta a todo lo que sucede en ellos.

El término que se emplea para resumirlos es atrofia vaginal. Sí, lo sé… Podían haber elegido un nombre menos terrorífico. Si te digo que es temporal igual se te pasa el parraque

Aunque los cambios ya empezaron en el embarazo, durante la lactancia aparecen algunos nuevos. Las hormonas que contribuían a que nuestra vida sexual molara también están de baja maternal. Los estrógenos, la progesterona y la testosterona se toman unas vacaciones para dejar paso a la prolactina. Y, aunque el deseo no se basa en las hormonas, sí influyen en él y la prolactina viene a ser algo así como la inquisición hormonal del sexo. Por eso, en parte, es tan difícil experimentar deseo en esta etapa.

Además de los cambios en el deseo (que son las ganas), también aparecen dificultades en la excitación sexual (que son las reacciones físicas que indican que estamos con el modo cachondo on). Esto se debe a que estas hormonas también son responsables de que toda la genitalia esté en un estado óptimo de conservación y su reducción genera algunos inconvenientes. Las paredes vaginales se adelgazan y aumenta la sequedad vaginal, lo que provoca irritación, escozor y molestias en general. Además no olvidemos que, si ha sido un parto natural, por la abertura del tamaño de un limón ha salido un melón y hasta puede que venga de regalo una episiotomía. Todo esto contribuye a que la penetración pase a ser la menos apetecible de las prácticas sexuales.

Por otro lado, los pechos y los pezones han pasado de erótico – festivos a nutritivos. Aumentan su tamaño, cambia su sensibilidad y pueden aparecer algunos problemas como la mastitis puerperal o grietas en los pezones. Además, la excitación puede provocar escapes o derrames de leche materna y no siempre se vive con la naturalidad que debiera, lo que puede llevarnos a evitar mantener relaciones sexuales.

Y, por si todo esto no fuera suficiente, muchas madres desarrollan una especial inseguridad respecto de su físico durante el embarazo y/o en el postparto. Los cambios en el cuerpo, las estrías en el abdomen, en las caderas o en el pecho, fruto de la ganancia y pérdida de peso, les hace sentirse menos atractivas. ¡De locos! Lo sé, pero (todavía) estamos así… De modo que es probable que este sea otro de los motivos por los que no aparece (ni se busque) el deseo sexual.

¿Por qué pasa?

La evolución casi siempre tiene un motivo para justificar las pulpadas que nos hace. En esta ocasión, se piensa que estos cambios hormonales tienen sentido tanto en cuanto permiten a la madre (u obligan, diría yo) a cuidar de su cría. No vaya a ser que te distraigas frungiendo y se te olvide cuidar de tu vástago. Esta hipótesis también explicaría por qué el deseo sexual reaparece una vez que la lactancia finaliza.

Quizás, tú que ya sabes que el deseo no se basa sólo en hormonas (porque me repito más que el ajo), te preguntes qué pasa con los beneficios del sexo. ¿Es que no los echan de menos? ¿no se acuerdan de lo bien que se lo pasaron y de cuánto mola desear y sentirse deseado? Te cuento…

A veces la naturaleza consigue desarrollar planes sin fisuras: durante la lactancia la madre segrega oxitocina, que es una hormona con bastante responsabilidad en esto de sentir placer y vinculación en las relaciones afectivo – sexuales, con lo que… ¿para qué orgasmar si segrego la misma hormona al amamantar? Lo dicho. Sin fisuras.

Bueno, no. Fisuras tiene… porque si la otra parte contratante de la criatura está presente, y ni sus hormonas sufren estos cambios ni hay nada que le compense la oxitocina, le va a faltar acompañante para el baile. No, el chocolate no sirve como sustituto.

Este es uno de los motivos por los que las parejas suelen acudir a terapia en esta etapa de su vida en común. Y es que, junto al estresante hecho de ser padres, se suma la insatisfacción sexual (que no se limita al frungir) y la falta de tiempo para vivirse y disfrutarse como pareja.

¿Qué podemos hacer?

Si las molestias se limitan al coito y/o a la estimulación de los pezones y la libido se puede despertar porque no depende exclusivamente de las hormonas (en menos de 10 minutos te lo cuento aquí), la solución es obvia, ¿no? Se trata de hacer tooooodo lo demás (sexo oral, masturbación mutua o compartida, acariciarse, comerse a besos…), aunque haya que realizar ciertas adaptaciones.

Con la llegada del bebé, no nos queda más remedio que reconfigurar nuestra vida erótica. Lo que implica hablar de los tiempos, la energía de la que disponemos y en qué la empleamos y, también, de los espacios (porque, probablemente, el bebé haya conquistado todos los terrenos y estancias).

En este momento es importante reajustar las expectativas: ni la vida volverá a ser la que era a.c. (antes de la criatura) ni será así para siempre. Los padres deben hablar sobre cuáles son las ocasiones más propicias para volver a ser pareja (además de padres) y acerca de las técnicas sexuales que más les apetece poner en práctica. Es probable que el agotamiento causado por, por ejemplo, la falta de sueño impida llevar a cabo las olimpiadas sexuales que recordáis del periodo de enamoramiento. Lo cual no quiere decir que no podáis estar cómodamente tumbados, acariciándoos y besándoos, mientras vuestras manos se encargan de estimular las zonas erógenas propias o ajenas.

Cuando la crianza (y la lactancia) dominan la vida de la familia, es importante buscar momentos y espacios para que la pareja se reencuentre. De lo contrario, esta puede diluirse en la paternidad.

¿Qué puedes hacer?

Tócate siempre que puedas. En esta ocasión más es más. Es decir, madre reciente, si encuentras momentos para el autoerotismo y dedicas algo de tiempo a tu placer, tú misma irás aumentando la lubricación y reactivando tu deseo porque, como sabes, comer y rascar todo es empezar. Esto es importante ya no sólo de cara a las relaciones sexuales con tu pareja, sino para ti misma, para volver a conectar con tu cuerpo y poder usarlo por y para ti.  

¿Qué debemos evitar?

La culpa y los reproches. Lo que está pasando no es culpa ni falta de voluntad de nadie. Ser padres es una experiencia única y maravillosa que provoca mucha tensión en la pareja porque todo es nuevo (aunque se hayan tenido más hijos anteriormente, no es lo mismo ser padres de uno que de dos).

Ser capaces de empatizar y comunicaros os facilitará resolver las circunstancias que se vayan dando. Intentad recordar que la pareja no hace (o deja de hacer) para fastidiar. Aunque sea mal, todos lo hacemos lo mejor que podemos.

Empezad por elegir momentos para estar juntos y solos. La actividad importa poco mientras sea compartida. De esta forma, empezareis a recuperar ese nosotros que ha quedado relegado a un segundo plano. Y cuando escuchéis un no, intentad tener presente que lo que se rechaza es la propuesta y no a la persona.

¿La lactancia puede ser placentera?

La respuesta es un rotundo sí, puede serlo para todos los participantes. Para el bebé, por supuesto, porque, además de nutrirle, amamantarle genera vínculos de apego y seguridad. Para la mamá también. Puede ser excitante y placentero y no – pasa – nada. Ni es raro ni es malo. Entiendo que puede resultar desconcertante porque no es una conducta motivada por la libido, la excitación sexual ni el erotismo, pero como durante la lactancia la oxitocina se dispara, cabe esperar que se experimente bienestar y placer.

Y, si así lo desean todos, succionar el pecho en busca de la leche materna también puede ser placentero y excitante para el otro miembro de la pareja. Aunque hay a quien esta idea le puede provocar un ligero esguince cerebral, lo cierto es que se trata de una expresión erótica más, asociada al pecho y la lactancia, por lo que se llama lactancia erótica.

Como te comentaba unas líneas antes, al amamantar se libera oxitocina, que es una hormona muy vinculante, lo que puede asociarse no sólo con el bebé, sino también con la pareja. Y para esta puede ser algo novedoso, morboso y atractivo por el juego de roles que se establece. Como pasa con todas las prácticas eróticas, si se ejercen desde la libertad, el consentimiento y con seguridad, todo está permitido.


En resumen, la lactancia genera unos cambios hormonales que transforman nuestra vida sexual y deja de ser la que era. Estos cambios, sumados a la experiencia del parto y a la crianza, complican y reducen los tiempos y los espacios en pareja.

Reajustando expectativas y coordenadas espacio – temporales, empleando lubricantes y ampliando el repertorio de prácticas sexuales y sensuales, las parejas pueden evitar ser sepultadas por el rol de padres. Y, si se da el caso, y la lactancia llega a ser erótico – festiva, adelante porque no hay normas, sino tantas sexualidades como personas.

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