Sexo y medicamentos

El pasado 25 de septiembre fue el día internacional del farmacéutico, una figura esencial para la salud física y mental del ser humano. No tengo claro si se merecen un día o un mes porque son quienes tienen que aguantar que les solicitemos un antibiótico sin receta, que nos adelanten un medicamento que no nos toca todavía y quienes tienen que contener la sonrisa (¡verás el día que nos quiten las mascarillas) cuando les pedimos una caja de juanolas y les susurramos otra de… preservativosextralubricadosporfavor.

Es evidente que los medicamentos mejoran nuestra calidad y esperanza de vida, así que no tengo mucho más que aportar en este sentido. A pesar de lo que me gusta cualquier película, novela o fantasía medievalizante he de reconocer que sin medicamentos la vida sería un poquitito bastante peor.

Aunque no le solemos prestar mucha atención porque los médicos son los primeros que no le dan importancia al no informarnos, lo cierto es que los medicamentos también influyen en nuestra vida sexual. A veces para facilitarla, como es el caso de los productos específicos para la erección o los lubricantes vaginales y, otras veces, por sus efectos secundarios, para entorpecerla.

Como el saber no ocupa lugar, no está de más que sepamos cuáles son. De este modo, cuando tengamos la libido bajo mínimos, nos cueste excitarnos o alcanzar el orgasmo, podremos valorar si la causa está en el antidepresivo que nos han recetado o en los siete aniversarios que llevamos celebrados con la pareja. Hagamos un repaso…

Fármacos cardiovasculares

En el caso de las patologías cardiovasculares a veces son la causa de problemas sexuales y, otras veces, consecuencia. Por ejemplo, tener dificultades erectivas puede ser un síntoma de una enfermedad cardiovascular, como la hipertensión. En otras ocasiones, tener problemas en la cama puede ser consecuencia del fármaco recetado, como los antihipertensivos que, al intentar controlar la presión arterial, dificultan los procesos fisiológicos de la excitación sexual.

Quizás te suenen nombres como Sumial, Valsartán o Propranolol. Estos antihipertensivos funcionan haciendo que el corazón disminuya su necesidad de oxígeno al reducir el ritmo cardiaco. Además, también hacen que el músculo cardiaco se contraiga con menos fuerza en los latidos. Al hacer todo esto, se reduce la presión con la que la sangre sale del corazón a los vasos sanguíneos, y así se rebaja la presión arterial.

La erección del pene y del clítoris, el rubor sexual de los pechos o de la cara… Todo depende de que las cañerías funcionen perfectamente, permitiendo que la sangre circule por ellas sin obstáculo y con la presión necesaria hasta llegar a donde debe para quedarse un ratito hasta que hayamos terminado con la faena. Por este motivo, los problemas cardiovasculares (directa o indirectamente) pueden influir negativamente en nuestra vida sexual.

Además, en el caso de pacientes que sufren alguna cardiopatía, el miedo que se desarrolla tras un infarto o una cirugía cardíaca, hace que mantener relaciones sexuales sea visto como un riesgo, debido al sobreesfuerzo.

Aunque en ocasiones es posible cambiar el medicamento o realizar lo que se llama plan de rehabilitación cardiaca (que consiste en asesorar y educar acerca de la actividad física), no siempre es posible contrarrestar estos efectos.

Antihistamínicos

En otras ocasiones, no es necesario que la patología o el tratamiento sea especialmente grave como puede ser el caso de los antihistamínicos, que se prescriben para tratar las alergias. Puede que nos los receten para tomarlos de forma puntual, durante periodos cortos de tiempo o que se traten de un tratamiento de fondo.

En cualquier caso, los efectos secundarios que pueden afectar a nuestra vida sexual son los mismos: somnolencia y sequedad en las mucosas. En todas. No sólo evitan que goteemos por la nariz cual grifo estropeado, sino que también pueden producir deshidratación en otras mucosas como las de la boca o la vagina. Así que, si estás muy excitada, pero no lubricada, no te preocupes. Es posible que la causa sea esta.

Una posible solución es cambiar la hora en la que se va a tomar la pastilla, ya que sus efectos no suelen durar más de ocho horas. Zyrtec, Atarax, Laratamed o Clarityne pueden ser algunos de ellos.

Psicofármacos

Otro grupo de medicamentos que tienen bastantes efectos en nuestra vida sexual son los psicofármacos. Los antidepresivos, los ansiolíticos o los antipsicóticos influyen tanto en los procesos de excitación, orgasmo y eyaculación como en el deseo.

No todos producen los mismos efectos ni a todas las personas por igual. Además, es difícil distinguir cuánto se debe al cuadro clínico en sí mismo (como padecer depresión o ansiedad) y cuánto se debe a los efectos secundarios de los medicamentos. En cualquier caso, es importante que tengas en cuenta que si estás en tratamiento psicofarmacológico tanto tu libido como tu respuesta sexual pueden verse afectados.

Es posible que notes que te cuesta mucho excitarte y que una vez que lo logras, el orgasmo te parezca que cada vez queda más lejos. Esto se debe a que los antidepresivos, como el citalopram, la fluoxetina o la sertralina, aumentan la serotonina para mejorar el estado de ánimo, pero ralentizan la excitación sexual. Y como el orgasmo es la consecuencia última de la excitación (es decir, cuando ya no puedes más de cachondez, es cuando se alcanza el nirvana), éste también es más difícil de experimentar.

De hecho, en algunos casos de eyaculación mal llamada “precoz” (te cuento el por qué de esta crítica aquí), se recetan antidepresivos para aumentar el periodo de respuesta orgásmica. En mi humilde pero profesional opinión, me parece matar mosquitos a cañonazos, la verdad.

La buena noticia es que no todos producen estos efectos secundarios, por lo que, si el médico lo considera adecuado, te puede recetar otro. Y, en el peor de los casos, tu libido y tu excitación sexual volverán a ser las de antes cuando finalice el tratamiento.

La finasterida

Es un principio activo presente en medicamentos como Proscar o Propecia que tienen como efecto la bajada de los niveles de testosterona, lo que influye en la activación del deseo sexual.

El primero de ellos, Proscar, es un fármaco que se prescribe para el tratamiento de la hiperplasia prostática benigna. A medida que se soplan velas, la próstata puede aumentar de tamaño, bloqueando el flujo de la orina desde la vejiga hasta la uretra. Aunque no es mortal, causa problemas en la vejiga, en las vías urinarias y en los riñones. En este sentido, es probable que sea necesario priorizar el tratamiento para reducir el tamaño de la próstata.

Además, no sólo de hormonas vive el deseo sexual, con lo que, aunque pueda ser más lentos o menos intenso, despertar tu libido, es posible. Te lo cuento aquí.

Y el otro fármaco, Propecia, aunque lleva el mismo principio activo, se emplea en el tratamiento de la pérdida de pelo masculina, conocida como “alopecia androgénica”. Para contrarrestar su efecto sobre el deseo sexual, te recomiendo lo mismo: no esperes a que el deseo “te venga”. Despiértalo tú.

Analgésicos opioides

¿Te acuerdas del Dr. House? ¿El médico amargadete que tomaba Vicodin a toneladas para soportar el dolor que le provocaba la necrosis muscular de su pierna? No recuerdo bien si había mucho sexo en la serie, pero si lo había, es probable que no lo protagonizara él porque uno de los efectos secundarios de los analgésicos opioides como el que él tomaba (hidrocodona) es la reducción del deseo sexual porque altera los niveles de testosterona.

De modo que, si para contrarrestar el dolor producido por alguna enfermedad o intervención, te recetan oxicodona, hidrocodona o algún otro analgésico opioide, es posible el sexo no sea una de tus prioridades. Cuando se deja de consumir, los niveles se restauran y la libido se recupera. Si ves que el tratamiento dura mucho y el deseo no viene, ve tú a buscarlo 😉

Píldora anticonceptiva

Otras que pueden influir en el deseo sexual son las pastillas anticonceptivas, para mal… o para bien. Aunque tienen muy mala fama, lo cierto es que hay una gran variedad de píldoras que los ginecólogos prescriben en función de las necesidades e historial médico de las pacientes y que no tienen efectos secundarios negativos.

Al tratarse de un medicamento hormonal, cabe esperar que haya ciertas alteraciones en el deseo sexual, en el cual, aunque no sólo, también influyen las hormonas. Sin embargo, en contra de los que dice la leyenda negra, la píldora anticonceptiva no siempre influye en el deseo sexual para reducirlo. En no pocos casos, la libido se ve reforzada, quizás como consecuencia de saber que se están tomando medidas efectivas y seguras en contra de un posible embarazo no deseado.

En cualquier caso, si te las han recetado y notas este efecto, no dudes en comentarlo con tu médico. Se puede probar con diferentes marcas o, en caso de que eso tampoco funcione, cambiar de método.

Antiepilépticos

Este tipo de fármacos, como el Tegretol (carbamazepina), tienen como objetivo amortiguar los impulsos nerviosos para evitar las convulsiones de los ataques epilépticos. También puede prescribirse en algunos trastornos como el bipolar ya que también funciona como estabilizador del ánimo.

En ambos casos, uno de sus efectos secundarios en nuestra vida sexual es la reducción de la percepción subjetiva del placer y del orgasmo y es que estos no dejan de ser “sobreestimulaciones nerviosas” que es, precisamente, lo que el medicamento intenta contrarrestar para evitar las crisis.

En estos casos, puede ser necesaria una regulación de las expectativas o una revisión de nuestras experiencias sexuales. Quizás llegue el momento de experimentar nuevas posturas o introducir alguna novedad con el objetivo de aumentar el grado de excitación y así, la percepción subjetiva de placer.

Tratamientos contra el Parkinson

La levodopa es uno de los medicamentos más eficaces contra el Parkinson, pero hasta que se da con la combinación de medicamentos y dosis adecuadas, los pacientes pueden padecer lo que se denomina trastorno del control de impulsos. Como dice el prospecto “Pueden incluir adicción al juego, comida o gastos excesivos, y un impulso sexual anormalmente elevado o preocupación con un aumento de pensamientos o sensaciones sexuales.”

En este caso, habría que ver cómo reajustar la medicación según las indicaciones del neurólogo, aunque también puede ser interesante acudir a terapia dado que las consecuencias emocionales no sólo en el paciente, sino en su entorno más cercano, pueden influir y desgastar las relaciones.


En resumen, algunos medicamentos como los antidepresivos, los antihistamínicos o antihipertensivos pueden entorpecer las erecciones, eyaculaciones y orgasmos porque afectan a la fase de excitación de la respuesta sexual. Otros, como los anticonceptivos orales, los analgésicos opioides o los tratamientos con finasterida, alteran los niveles hormonales, con lo que afectan al deseo. Si el médico que nos los receta no nos lo comenta, siempre podemos preguntar por los efectos secundarios también en nuestra vida sexual, porque disfrutar del sexo también es saludable.

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