Falta de sexo: ¿pereza o problemas de motivación?

Mañana, 16 de octubre, será el día internacional del perezoso. Sí, del simpático animalito que se toma la vida con ritmo caribeño. Inspirada en la pereza, que además es uno de los siete pecados capitales (de los cuales la gula y la lujuria son mis favoritos), hoy me gustaría reflexionar contigo acerca de por qué somos perezosos y vaguetes a la hora de practicar el sexo. Sí, no me mires así, a veces, lo somos.

¿Pereza o… motivación?

La pereza y la vagancia no son conceptos que se estudien en Psicología. En su lugar, hablamos de motivación y resumiendo mucho, muchísimo, te diré que está compuesta por dos principales elementos: el objetivo que queremos alcanzar o experimentar y el camino para lograrlo.

Para que la motivación sea funcional el objetivo debe ser realista y asequible y los medios necesarios para ello deben estar disponibles para nosotros; en caso contrario, estamos condenados al fracaso. Por ejemplo: la motivación para perder peso. ¿Por qué a veces es tan difícil lograrlo? Porque no basta con desearlo, sino que debemos hacerlo bien. Es decir, contar con los medios adecuados para conseguir ese objetivo concreto. Y ¿por qué a veces no es suficiente y, aunque lo vayamos logrando, nos desmotivamos? Porque es posible que nos hayamos marcado un objetivo inasumible.

Imaginemos que tengo por objetivo perder peso para entrar a formar parte del elenco del Ballet del Bolshoi de Moscú. Lo cierto es que da igual qué medios emplee. En este caso, el objetivo no es realista, por lo que acabaré desmotivándome y es que por mucho que lo intente, es imposible (Sí, Mr. Wonderful me has leído bien. Im – po – si – ble. Hay cosas imposibles y no pasa nada).

Ahora pensemos en un objetivo más realista, como alcanzar un peso saludable en función de mi constitución, pero que para ello empleo como medios las dietas “con apellido hortofrutícola”, como la dieta del pomelo, la de la cebolla o la de la piña. En ese caso es posible que, si sólo me alimento de eso, pierda peso, pero como no es saludable y en cuanto coma “normal” recuperaré mi peso, volveré de desmotivarme. Todo esto te lo cuento para que veas lo importante que es tener ajustados tanto el objetivo como los medios para que la motivación funcione como debe y se sostenga.

La motivación y el sexo

¿Que qué tiene esto que ver con el sexo? Todo. Cuando el motivo para no disfrutar del sexo, ya sea a solas o en compañía, tiene que ver con el tiempo, el cansancio o la falta de necesidad, algo en la motivación no marchará como debe. O bien nos marcamos objetivos inalcanzables (como que el deseo sexual haga chas y aparezca a tu lado como la sed o el hambre) o nos imaginamos vías para alcanzar el placer que rozan la olimpiada sexual. Como dijo Jack, vayamos por partes.

No tengo tiempo / Estoy cansad@

A la hora de buscar un encuentro erótico – festivo con tu pareja ¿te han dicho que no alguna vez usando estas explicaciones? Seguramente. De hecho, es posible que hasta tú las hayas empleado en más de una ocasión.

Por supuestísimo, y vaya esto por delante, que podemos declinar una propuesta sexual siempre que nos salga de las gónadas. ¡Faltaría más! Tenemos un ritmo de vida tan estresante que es fácil que sintamos agotamiento y que en nuestro estado de WhatsApp rece algo así como no me da la vida. Sin embargo, el desgaste se puede compensar no sólo con descanso, sino también con la puesta en práctica de actividades placenteras como el deporte, los paseos, escuchar música, leer, cocinar, o… frungir (o masturbarse).

Entonces, si tenemos tan claro que es algo placentero y beneficioso, ¿por qué no lo hacemos? Porque, aunque tenemos claro un objetivo asumible (como lo es disfrutar y orgasmar), lo que tenemos un poco distorsionado es el camino (los medios que te comentaba al principio).

Claro, cuando en consulta me cuentan estas explicaciones para su falta de deseo, lo primero que me viene a la cabeza es preguntarles por el tipo de olimpiadas sexuales que ponen en práctica para que no les dé tiempo o se sientan tan incapaces de realizarlas. Entonces, me lo cuentan…

En más de una ocasión he escuchado, sobre todo a mujeres, quejarse del despliegue de tareas que les supone un encuentro sexual. Muchas creen que deben ducharse y depilarse antes, además de untarse bien de leche hidratante, para estar suavecitas. Otras creen que deben llevar a cabo todas las prácticas sexuales que conocen, además, en el orden canónico (es decir, el divulgado en el porno tradicional y/o en las películas románticas). A saber: un ratito de besos y caricias (los dichosos preliminares), seguido de unos minutos de felación (y quizás cunnilingus, de ahí lo de tener que ducharse antes), para, finalmente ejecutar una o dos posturas coitales antes de llegar al orgasmo. En función de lo atléticos que nos sintamos ese día, éstas pueden ser más o menos cansadas.  Si además se considera que el sexo mancha, habrá que volver a ducharse o asearse después. Conclusión: es demasiado esfuerzo. Así que se entona un estoy demasiado cansad@ o un es que mañana madrugo o un no nos da tiempo.

En los hombres, lo que más suele echarles para atrás es el tiempo que imaginan que deben estar en modo taladro percutor (es decir, con el pene erecto cual asta de bandera) para que su pareja alcance varios orgasmos (que ya sabemos todas que somos multiorgásmicas, pero lo que no tenemos tan claro es que la penetración no es la técnica que más favorece el orgasmo femenino). Así que, después de un titánico día, quizás no se sientan con fuerzas para estar en la postura del misionero durante hora y media hasta que su partenaire haya alcanzado, por los menos, dos veces el Nirvana. Conclusión: mejor lo dejamos para otro día que esté menos cansado o que tengamos más tiempo.

¿Qué podemos hacer contra el cansancio y la falta de tiempo?

Ahora que ya sabemos algo más sobre la motivación, quizás lo veas claro: ajustar los medios. Es decir, disfrutarnos y alcanzar el orgasmo saltándonos esos guiones que, por lo que sea, ya no nos funcionan y buscar otros que se ajusten mejor a nuestra realidad.  

Por ejemplo, el tema de la higiene. Aunque la vulva no debe limpiarse más que cualquier otra parte del cuerpo (porque no es más sucia que cualquier otra parte del cuerpo), podemos ducharnos juntos. Enjabonarnos uno al otro y hacer que esa parte ya sea erótica. Lo de depilarse y darse crema… A ver, sólo es mi opinión, pero… ¿es realmente indispensable? ¿Crees que tu pareja no te va a desear por eso? ¿Crees que eres menos atractiva por eso? Si la respuesta a la primera pregunta es sí, la próxima vez no cambies de cuchilla, cambia de pareja. Y si la respuesta a la segunda pregunta es sí, ponte en contacto conmigo, tenemos que cambiar esa creencia.

Seguimos con los cambios en el guión sexual. Tenemos muy interiorizado que los encuentros deben empezar por las caricias y actividades sexuales menores, como el sexo oral, para llegar a al sexo de verdad, que dicen que es la penetración y… ¡no! Todo es sexo. ¿Por qué no podemos besarnos y masturbarnos el uno al otro o uno al lado del otro hasta alcanzar el orgasmo?  ¿Cuánto tiempo crees que podría llevarte esto? ¿diez, quince minutos? Vamos, que puedes dedicar el tiempo que quieras y puedas, pero si el tiempo es el problema, ¿por qué no ajustar el guion a vuestras necesidades haciendo algo que os facilite disfrutar sin mucho esfuerzo o tiempo?

¿Y la ducha post – frungir? Entiendo que siempre hay restos orgánicos que harían las delicias de cualquier laboratorio de CSI que se precie, pero… ¿en serio hace falta una ducha? Se pueden emplear toallitas, pañuelos, preservativos que nos ahorren ponerlo todo perdido. Sólo se trata de ser previsores y tener estas cositas a mano. ¿Para qué creéis que se inventaron las mesillas de noche con cajón?

No lo necesito / No me viene

Hasta aquí hemos visto una parte de la motivación para mantener relaciones que podría perjudicada si no la enfocamos bien: los medios; pero es posible que el objetivo que nos planteamos no sea realista, como, por ejemplo, pensar que el deseo sexual nos tiene venir porque es una necesidad. Y que, si no nos viene, si no tenemos ganas, será que no lo necesitamos tanto.

Cuando me tropiezo con estas dificultades en la consulta, lo primero que pregunto es dónde esperan que les venga y no saben responder. Entonces, les pregunto que por qué creen que les tiene que venir (que es aquí donde está el quid de la cuestión) y es cuando me dicen que antes les venía solo, pero que ahora ya no tienen ese impulso, ese instinto. Y es que, claro, tenemos la equivocada idea de que la sexualidad humana es principalmente instintiva. Que, por supuesto, algo de instintiva tiene, pero todo… no.

Para argumentarte esta afirmación, tengo que remontarme un poquito en el tiempo. Unos 1200 millones de años… Hasta entonces, los seres vivos se reproducían de forma asexual, por mitosis, que viene siendo hacer fotocopias de uno mismo. Lo cual es muy fácil y cómo para aumentar la especie, pero como todos son clones, se genera muy poca diversidad, haciendo que sea más difícil que esa especie se adapte al medio y siga reproduciéndose. Así que la naturaleza se inventó la reproducción sexual en la que es necesario el intercambio entre dos formas, entre dos sexos, para generar nuevos individuos que serán todos diferentes. Es cierto que es más costosa y lenta, pero como genera más diversidad en la especie, aumenta las probabilidades de adaptación al medio, mejorando la supervivencia de la misma. Sin embargo, la evolución se encontró con un temita a resolver: tenía que conseguir que estas dos formas quisieran unirse y así fue como inventó la atracción sexual, el deseo sexual más primitivo.  

Sin embargo, evolutivamente hablando, las personas nos encontramos lejísimos de ese momento y las causas por las que mantenemos relaciones sexuales no siempre tienen que ver con la reproducción. De hecho, solemos poner medios para evitarla o posponerla. Así que, cuando sentimos deseo sexual por alguien, no tiene que ver con el instinto. O por lo menos, no exclusivamente. Las conductas instintivas tienen como objetivo sobrevivir y perpetuar la especie y la conducta sexual humana ya no es fruto de la imperiosa necesidad de reproducirse.

Considerar el sexo como un instinto nos lleva a esperar a que nos avise de que ya toca, como pasa con otras conductas instintivas, como el comer, el beber o el dormir. Pero claro, si no atiendo a la sed, al hambre o al sueño, puedo tener problemas de salud y llegar a morir; pero eso no pasa por no frungir. (Mis más sinceras disculpas a aquellos que lo empleabais como excusa).

En resumen, el deseo sexual no nos tiene venir, sino que somos nosotros quienes lo debemos alimentar, despertar o activar. Es posible en algunas épocas de tu vida (y/o de tu relación) te haya resultado más sencillo. Esto puede tener que ver con la adolescencia o con la pasión que suele acompañar al enamoramiento, pero todo eso tiene fecha de caducidad. Por eso es importante que sepas que la mejor forma de despertar tu deseo es estimulando el órgano sexual más importante de todos: el cerebro.

Por eso no dejes de imaginar, fantasear o recordar cosas que hayas hecho o que te gustaría hacer. Prueba a leer relatos o novelas eróticas (no, 50 sombras de Grey no cuenta, ni como erótica ni como novela). También puedes ver si algún estilo musical te resulta excitante. Al otro lado del charco, suena Barry White. A mí, me gusta más esto por culpa de Patrick Swayze y Dirty Dancing, pero tuve una paciente a la que le encantaba Rammstein para estas cosas. Para gustos, colores.


Lo dicho: imagina, ve, escucha y… ¡toca! Porque comer y rascar, todo es empezar. Te sorprenderás de lo sencillo que es tu libido te venga a visitar.