Sexo en lugares públicos

Desde que leí en una noticia que una mujer se había grabado mientras se autoestimulaba en Ikea, tenía pendiente abordar los pros y contras de los lugares exóticos para esto del frungimiento porque creo que también tiene mucho de mito e idealización.

Antes de proceder, me gustaría añadir que lo que hizo la buena señora me parece un must a la hora de comprar una cama o un sofá (porque, no sólo los usamos para dormir y ver Netflix, ¿no?). Ahora bien, lo del exhibicionismo no se lo compro porque su libertad para hacerlo termina donde empieza la del resto de clientes que quizás no desean ser partícipes de dicho experimento. Averiguar cómo se pueden probar colchones y sofás también con fines erótico festivos es algo que debería desarrollarse. Ahí lo dejo.

¿Por qué mantenemos relaciones sexuales en los lugares más insospechados?

Tras estrujarme un poco las neuronas, creo que hay cuatro principales motivos por los que mantenemos relaciones sexuales en los lugares más originales e inesperados.

El primero de ellos tiene que ver con la pasión desbordante que sentimos en la primera fase de las relaciones: el enamoramiento. Esas semanas en las que estamos descubriendo (y distorsionando un poquitito también, es importante decirlo) lo perfecta y maravillosa que es la otra persona, lo muchísimo que nos gusta y… dándonos cuenta de que queremos fundirnos con ella hasta que el cuerpo aguante. Literalmente.  

Por supuesto, este calentón no tiene por qué ir unido al enamoramiento, puede ser debido a un flechazo carnal, absolutamente libidinoso y temporal, sin que medie relación amorosa alguna, como, por ejemplo, si yo me cruzara con Hugh Jackman o Henry Cavill.

¿Por qué elegir? (Fuente)

En estos casos, quizás no es posible planificación alguna y toque proceder a un aquí te pillo, aquí te mato de manual y haya que llevar a cabo el frungimiento en el baño del restaurante, sobre el capó del coche en un parking o en alguna discreta esquina del portal.

Otro motivo puede ser el intento por parte de las parejas algo más maduras de salir de la rutina. Maduras no por edad, sino por los aniversarios celebrados ya. Cuando deshacer la cama ha dejado de ser tan emocionante y el sofá te llama no para probar la octava postura del Kamasutra sino para ver la octava temporada de Juego de Tronos (y volver a lamentarte por el pésimo final que le dieron), quizás ha llegado el momento de reservar una habitación de hotel con jacuzzi, meterse mano en el paseo marítimo por la noche… o darse el lote en el pasillo de jardinería del Leroy Merlín… Por poner algún ejemplo.

El tercer motivo que barajo es la escasez de recursos inmobiliarios por parte de la pareja en cuestión. Ya seamos una longeva pareja que aún no convive o nos acabemos de conocer, a veces no hay recursos para pagar un hotel o una hipoteca o el mes de alquiler, de forma que no hay nido para el frungir. Bueno, también se me ocurre que, incluso teniéndolo, quizás no estemos en ese punto de dejar entrar en nuestro refugio a alguien que todavía apenas conocemos.

El caso es que, por unos motivos u otros, podemos vernos obligados a disfrutar de las artes amatorias en lugares más… públicos como un parque, la playa o, si sentimos que necesitamos alguna frontera física, el coche.

El último y cuarto motivo es, quizás, el primero en el que has pensado: el morbo. Sin embargo, ¿es tan guay como pensamos o nos cuentan? ¿Te pareció tan excitante y maravilloso como pensabas? ¿Hay más pros que contras?  Veamos…

Esos lugares

Para asegurarme de que no me dejaba nada en el tintero, hace unos días pregunté por las redes cuáles, además de la cama, eran los lugares en los habían mantenido relaciones sexuales… Y, ¡vaya vida sexual apasionante y variada que me lleváis! Habéis conseguido que me sienta total y absolutamente sosa y aburrida…

Hay quien me ha hablado de lugares más o menos típicos y generales como el coche, la piscina o el baño de algún restaurante. Otros han sido más concretos y me han contado cosas sobre el sexo en las escaleras del descansillo donde vive la suegra, de un fogoso encuentro en Merrion Square (que es un parque del centro de Dublín) o de la excitante experiencia en la litera de un hostel de una habitación en la que dormían otras seis personas más. Bueno, sin olvidar ese polvazo en el trastero del despacho del gestor, quien, a su vez, es el padre de uno de los protagonistas.

A esta lista, hay que añadirles cines, saunas, transportes públicos, terrazas de hoteles y…  ¡¿cómo no?! La playa.

Pros y contras a tener en cuenta

Las ventajas y desventajas de cada uno pueden ser obvias, pero también relativas porque lo que para unos puede ser un pro, para otros, puede ser un contra. Por ejemplo, ser descubiertos. Si el temor a ser pillados es superior a la excitación sexual, a tomar por el fly la libido. Así que, como dijo Jack, vayamos por partes.

Una de las ventajas más evidentes es el nivel de excitación que se puede llegar a alcanzar ante la posibilidad de ser cogidos con las manos en la masa. Eso y lo calientes que nos pone todo lo que sea hacer algo prohibido. ¿No me crees? ¿Que no es saludable comer más una onza de chocolate negro? Quieres dos, aunque no te guste. ¿Que sólo toca un ejemplar gratis de lo que sea por persona? Quieres dos. ¿Que no se debe frungir en el baño del restaurante mientras el resto de la familia celebra la boda de tu prima, la de Cuenca? ¡Nada más excitante para encender tu libido! Así que, sí, hacerlo en lugares prohibidos o públicos por los que es posible que se paseen las miradas ajenas puede ser un estupendo lubricante y erector.  

Otra ventaja, quizás menos presente, es la complicidad que se crea en la pareja. Tanto de la buena, como de la mala. No sólo os estaréis intentando compenetrar, sino que seréis cómplices por hacerlo dónde y/o cuándo no se debe. Además, la excitación por mantener ese secreto irá mucho más allá de los minutitos del encuentro (sí, minutitos, que aquí ninguno somos olímpicos del sexo… ¡Y lo sabes!)

Por si estas fueran pocos motivos, hay una ventaja más: el cambio de contexto nos puede obligar al cambio de guión. Si en la cama acabas siempre haciendo el misionero, hacerlo en un recóndito banco del parque o sobre el capó del coche puede llevarte a nuevas prácticas, las posturas o tiempos…

Por si la imaginación hoy no está en su punto álgido, te echo un cable. Por ejemplo, frungir sobre el capó del coche puede facilitar las posturas para el sexo oral o si tienes acceso a un local de pilates o yoga, hacerlo sobre una pelota de esas tan molonas que tienen puede ser muy cómodo y divertido. Si encima la pulsera de actividad lo contabiliza como deporte, es un win – win.  La última fila del cine, con el permiso de Sabina, es otro clásico. Y más ahora, que las butacas parecen salidas de la Teletienda, con sus botoncitos para el reclinamiento y todo.

Parece cómoda… (Fuente)

A pesar de todas estas ventajas, es importante tener en cuenta algunas cosillas a la hora de decidir el lugar, para reducir al máximo las desventajas y riesgos que puedan conllevar. Por ejemplo, acabar en Internet. Hoy en día todos tenemos un móvil con cámara y cuando la pasión nos ciega, quizás se nos olvide que los ojos ajenos no sólo pueden vernos, sino grabarnos y acabar siendo la “pareja follando en túnel de lavado” de cualquier portal de vídeos porno. Si no te importa, adelante, pero que acabes protagonizando el último de los vídeos virales puede convertirse en una pesadilla si se conocen en tu trabajo, tu centro de estudios o en tu barrio.

Los invitados no deseados también pueden convertirse en un problema. El dogging es una práctica que consiste en mantener relaciones sexuales en lugares públicos, como playas, parkings o campas, con personas que pasaban por allí. Aunque existen webs especializadas que coordinan este tipo de encuentros, también puede darse sin planificación y que un aficionado a esta práctica interprete que sois aficionados al dogging y quiera apuntarse.

Otra desventaja es… la realidad. Cuando ésta choca con las expectativas y, en este sentido, casi todas se concentran en mantener relaciones sexuales en entornos acuáticos y playeros porque, caris, la arena es al sexo lo que la lija al gotelé: una p*t*da. Es decir, a pesar de lo que pueda parecer en las pelis porno y en nuestras fantasías, la arena alcanza lugares y se incrusta en zonas insospechadas y de difícil acceso. No sé cómo, pero lo logra. Así que, si no queréis exfoliación en mucosas sensibles del cuerpo… deportes playeros, sí; polvos playeros, mejor que no.

Además, pensamos que el agua facilitará, por ejemplo, la penetración; pero sucede justo lo contrario, porque, aunque cuando la bebemos nos estamos hidratando, no pasa lo mismo con la genitalia vulvar y vaginal. Y si la de la piscina no mola, ¡ya no os digo el agua del mar!

Por último, algo en lo que igual no has pensado es en la legalidad. ¿El sexo en lugares públicos está dentro o fuera de la ley?

¿Qué dice la ley en España?

Algo que hay que tener en cuenta es que, en algunos países, mantener relaciones en lugares públicos está castigado. En nuestro país, a nivel estatal no existe ninguna normativa que regule esta práctica directamente, pero sí se convierte en un delito cuando hay exhibicionismo, provocación sexual ante menores de edad o personas con discapacidad necesitadas de especial protección porque atentan contra la libertad e indemnidad sexual.

Ojo, que no son palabros que me haya inventado yo, sino que están recogidas en la Ley Orgánica de protección de la seguridad ciudadana o en el artículo 185 de la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal. Por su parte, algunos ayuntamientos también sancionan por practicar, por ejemplo, sexo en la playa, como es el caso de Tossa del Mar (en Girona), quien impone multas de entre 750 y 1500€. Vamos, que si lo que buscas es un encuentro paradisíaco lo mismo sale más barato poner un poco de arena y una hamaca en el suelo de la cocina.

Para terminar, aclarar que si el sexo tiene lugar en el coche y está ocupando un espacio en la vía pública, además de realizarse ante menores o personas con discapacidad, vamos mal porque incumple las leyes citadas anteriormente… Y sobre hacerlo con el coche en movimiento no digo nada porque doy por hecho que tenéis dos dedos de frente y sabéis que ese es un comportamiento incompatible con la seguridad vial y que sería considerado como conducción temeraria. Así que, salvo que sea en un simulador, si follas, no conduzcas.

Por lo demás, ¡a disfrutar!

Si te apetece, puedes escuchar aquí cómo Alfredo Menéndez y una servidora abordamos el tema hace unos días en «Hoy toca sexo» en el programa de Radio Nacional, Gente despierta.