«Escribiendo…»

Hacía tiempo que no tenía pareja y, a pesar de lo que le decía su abuela, para ella no era un problema. Ella estaba bien. Tenía su trabajo, sus hobbies, sus amistades y su familia. Aunque no le había ido mal en el amor, no sentía la necesidad de apuntarse a ninguna app para encontrarlo porque, en realidad, no lo buscaba.

Tampoco es que fuera especialmente activa en las redes, pero, a veces, se le ocurrían cosas que, a sus ojos, eran ingeniosas, o bonitas, o injustas, y entonces… las compartía. Quienes normalmente interactuaban con ella eran sus familiares y amigos, hasta que, un día, se dio cuenta de que había un perfil que comentaba sus publicaciones con cierta asiduidad. Eran comentarios puntuales y breves, pero divertidos e inteligentes.

Entonces, se descubrió sonriendo… y respondiendo. Toda una sorpresa.

En principio se lo tomó como una aventura. Ella, que siempre había escuchado a sus amigas contar cómo conocían a sus ligues en Internet, se sentía totalmente novata y perdida. Sin embargo, la curiosidad ganó la primera partida.

Hablar hasta altas horas de la noche se había convertido en una costumbre para ellos. También darse los buenos días y contarse cosas cotidianas, así como experiencias o pensamientos que nunca antes habían compartido con nadie. La complicidad ganó la siguiente partida.

«Escribiendo…»

Esta palabra despertaba un ligero pero constante cosquilleo en el estómago que hacía mucho que no sentía. ¿Qué le estaba pasando? ¿Por qué estaba tan ilusionada? Si ni siquiera lo conocía… ¿Podría estar enamorándose de él? Al principio desechó la idea. Ella no era como sus amigas, ella era de la antigua usanza y… ni siquiera lo conocía.

Las semanas pasaron y las mariposas no desaparecían. De hecho, eran multitud y compartidas. Él le propuso conocerse. Todas las dudas cayeron sobre ella como una losa. ¿Y si no le gusto? ¿Y si no me gusta? ¿Y si esta magia desaparece? Entonces, el cosquilleo se convirtió en un nudo.

«Escribiendo…»

¿Qué podemos perder? – dijo él. Entonces, ella le respondió con una mariposa. Acordaron un día, una hora y un lugar para encontrarse.

Durante unos segundos, todas aquellas horas compartidas, pasaron por sus mentes. Aunque no lo fue, ese primer beso, les pareció infinito.

El amor ganó la última partida.


Este relato ha sido escrito para @divagacionistas en su convocatoria #relatosSorpresas de abril de 2021.

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