Todos son «días del padre»

Hoy es 19 de marzo, otro más. Creo que el vigésimo noveno que pasamos sin ti, papá, y, aunque escribo estas líneas con lágrimas en los ojos, no es un día tan diferente a los demás porque todos, todos y cada uno de los días que he vivido sin ti, te he echado (y te echo) de menos.

En otras ocasiones, en este mismo blog, he contado cómo fue para Bea y para mí perderte siendo tan pequeñas. Y también sobre las emociones que me provocó, y aún me provoca, una herida como aquella.

En parte lo hago por si, leerme, puede ayudar a personas que han vivido situaciones parecidas a no sentirse solas en su dolor. También lo hago por mí, para poder poner palabras a lo que siento, y un poquito también por ti, como si ésta pudiera ser una más de tantas conversaciones que teníamos, en las que tú me escuchabas y explicabas con infinita paciencia todo lo que a mí, tu microbio curioso y parlanchín, se me ocurría preguntarte.

Ahora mismo suena Jean Michel Jarre en el Spotify, no sé si te hubiera gustado mucho esta aplicación teniendo la colección de vinilos que tenías y que aún mamá conserva (bueno, tengo que confesarte que te he robado todos los de Tino Casal, pero estoy segura de que no te importa. Te prometo que los escucho con mucho cuidado y los limpio como me enseñaste).

Equinoxe, Pt. 5 es la que suena ahora. Así como otras me hacen llorar, ésta me hace imaginarte en el salón de casa, enseñándome música, libros y videoclips que te gustaban, mientras mamá vestía a Bea porque íbamos a salir a dar una vuelta en familia.

Lo único que quiero decirte hoy, papá, es «gracias». Gracias por haber formado, junto con mamá, una familia tan bonita para Bea y para mí, tan llena de recuerdos preciosos que podemos visitar siempre que queremos por tu afición a las fotos y a las videocámaras. Aunque perderte me partió el corazón, soy afortunada por haberte tenido como padre. Si te añoro tanto sé que es porque fuiste el mejor papá que podía tener.

Aunque tu muerte me ha hecho temerosa de perder, en el momento menos pensado, a las personas que quiero y esa sensación de alerta, por desgracia, sigue ahí y a veces me atenaza, tu vida y los años que me regalaste contigo me han hecho, en parte, la mujer que soy. Me enseñaste a ser curiosa, tolerante, bromista, respetuosa y… cabezota, papá, bastante cabezota. Eso también es tuyo.

¡Feliz día del padre, papá!

Sé dónde estás y, ahí, te quiero.

Fdo: Tu microbio