Shere Hite, la historiadora que hizo historia

Shere Hite, quien quizás os suene por ser la responsable de los «Hite report» (Los informes sobre sexualidad femenina primero y masculina después), nació el 2 de noviembre de 1942 en Missouri, Estados Unidos.

Lo hizo en el seno de una familia que no le brindó el mejor contexto para recordar una infancia feliz y, tras estudiar Historia en la Universidad de Florida, se mudó a Nueva York para doctorarse en Historia Social en la Universidad de Columbia.

Con la intención de financiar sus estudios, y dada su indiscutible belleza, trabajó como modelo para diversas revistas y campañas publicitarias. Su imagen apareció en reportajes fotográficos de publicaciones como Playboy o los anuncios de empresas como Olivetti. La experiencia que hay detrás de esta última, bien puede reflejar lo negativos que fueron para ella este tipo de trabajos.

En aquella ocasión, fue, junto con una máquina de escribir, la protagonista de una foto en la que aparecía vestida de secretaria sexy, pero lo realmente interesante del anuncio era la frase que acompañaba a su imagen: “Una máquina tan inteligente que ella no tiene que serlo”. Sin comentarios.

Al parecer, Hite, quien empezaba a relacionarse con los círculos feministas de Nueva York, se sumó a las protestas que se hicieron frente a la sede de Olivetti por lo machista y sexista que era el anuncio.

Su necesaria aportación a la sexualidad y a la sexología empezó a gestarse en los años 70. Hite consideró que la sexualidad femenina resultaba misteriosa e insondable porque eran otros los que hablaban sobre ella. Entonces, imitando el proceder de colegas como Alfred Kinsey, optó por preguntar directamente a las mujeres acerca de su sexualidad.

Durante cuatro años hizo llegar a las mujeres de Estados Unidos, a través de organizaciones feministas y anuncios en revistas y periódicos, los cuestionarios en los que se basó para recopilar los datos de su primer informe.

Eran un total de 231 preguntas muy concretas sobre sus relaciones afectivas y sexuales, la masturbación y el orgasmo. De todos los cuestionarios enviados, recibió las respuestas de 3.019 mujeres de entre 14 y 78 años. Tras un exhaustivo análisis de los datos, en 1976, publicó su famoso libro bajo el nombre de «El informe Hite. Estudio de la sexualidad femenina».

Los resultados y conclusiones obtenidas no dejaron indiferente a nadie. De hecho levantó más de una ampolla y es que, aunque todo esto sucedió en plena resaca de la revolución sexual de los años 60, ya sabemos que «las cosas de palacio, van despacio».

Uno de los datos más llamativos es que el 70% de las encuestadas no alcanzaba el orgasmo durante la penetración vaginal. ¡Frígidas!, pensaban algunas y algunos. ¡Inmaduras!, diagnosticaban los freudianos (según Freud, el orgasmo «clitoriano» era el de una mujer inmadura psicológicamente). Pero ni unos ni otros tenían razón.

Analizando los datos relacionados con la masturbación quedaba claro cuál era el motivo: el 78,5% de las mujeres encuestadas estimulaba su clítoris directa o indirectamente para alcanzar el orgasmo. Únicamente el 1,5% lo lograba con la penetración vaginal.

Tipos de masturbación propuestos por Shere Hite en su encuesta.

Y resultó que tampoco éramos lentas. De media, las mujeres de la investigación, orgasmaban a los 4 minutos de haber iniciado la estimulación. Lo que pasa es que si te rascas donde no te pica…

Estas afirmaciones chocaban directamente con las creencias establecidas sobre una sexualidad patriarcal y centrada en las relaciones heterosexuales. A todos los seres humanos nos supone un reto aceptar que podemos estar equivocados y, si podemos, disparamos al mensajero. Se llama disonancia cognitiva y tenemos un repertorio de recursos increíble que nos ayuda a reducirla, aunque sea con distorsiones y autoengaños.

Con Shere Hite no fue diferente. Haciendo un juego de palabras en inglés, llamaron a sus informes «Hate Report», que significa «Los informes del odio». La acusaron de odiar a los hombres, de tener prejuicios contra el coito y hay quien no dudó en volver a publicar fotos de cuando trabajó como modelo erótica, imagino que en un intento por desprestigiarla, como si su desnudez tuviera algo que ver con su rol profesional.

También se cuestionó el análisis estadístico de sus datos y se desprestigió que incluyera los testimonios de gran parte de las encuestadas. ¡A ver si va a resultar que tener acceso a un catálogo de comportamientos sexuales de todo tipo, sinceros y detallados, no es una fuente inestimable de conocimiento!

Me llamó la atención saber que incluso Virginia Johnson, quien investigó las variables fisiológicas de la respuesta sexual humana junto con Williams Masters en los años 50, criticó su trabajo porque no medía respuestas físicas observables. Pero también lo entiendo: ella tuvo que luchar muchos años atrás para hacerse oír y respetar, y lo hizo esgrimiendo los datos y más datos de variables objetivas y observables que ningún hombre podía rebatir. Para ella, tenían un valor incalculable.

El informe Hite sobre sexualidad femenina también reveló algo que ya se sospechaba: la sexualidad y cómo la vivimos es algo que se aprende y que está influido por el contexto sociocultural, no es algo que nos venga «biológicamente dado».

A pesar de todas las dificultades experimentadas, lo cierto es que el informe se vendió mucho (se calculan 50 millones de copias) y Hite, quien (¡oh, sorpresa!) no odiaba a lo hombres, quiso investigar también cómo vivían ellos su sexualidad.

En esta ocasión, quizás por la fama alcanzada o porque quienes respondieron eran hombres, por ambas (o por alguna otra razón que se me escapa), recibió los cuestionarios cumplimentados de 7239 hombres, de entre 13 y 97 años. Esto dio lugar a un libro un poco más extenso que el anterior (¡el doble!): El informe Hite. Estudio de la sexualidad masculina publicado en 1981.

Las conclusiones más relevantes a las que llegó es que la mayor parte de los hombres disfrutaban más con la masturbación que con el coito y que eran más proclives a percibir y transmitir sus sentimientos durante la penetración.

Según sus datos, el 55% de los encuestados ha llorado en más de una ocasión por su vida amorosa, al 43% les gusta estar casados y el 80% de los hombres que llevan más de 25 años casados confiesan haber tenido relaciones extramaritales. Contra todo pronóstico, sólo el 29% de la población masculina prefiere la posición del misionero, y el 36% estaría dispuesto a reemplazar el coito con «otras actividades» durante algunos encuentros sexuales.

Es decir, a través de los testimonios, pudo comprobar que ellos también eran víctimas de los clichés de una sociedad falocéntrica que daba una excesiva importancia a la erección y al rendimientos masculinos.

Como era de esperar, recibió críticas similares a las anteriores: poca rigurosidad en el análisis de los datos, muestra poco representativa (como si los estudios realizados hasta la fecha con estudiantes universitarios caucásicos lo fueran) y misandria. Sí, al parecer, preguntar y reflejar lo que los hombres habían respondido era un claro ejemplo de odio hacia los hombres. De nuevo, sin comentarios.

A pesar de todas las críticas, continuó con su labor investigadora y divulgativa. En 1995, harta del acoso y derribo al que llevaba sometida desde hacía tantos años, decidió mudarse a Inglaterra. Allí vivió hasta el pasado 9 de septiembre, fecha en la que Shirley Gregory, conocida como Shere Hite, falleció a los 77 años de edad.

Le debemos mucho, por su curiosidad, iniciativa y valentía. Para mí siempre será la historiadora que hizo historia en el estudio de la sexualidad humana.

Gracias, Shere.

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