¿Qué tendrá que ver el feminismo con la regla?

Antes de que empieces a leer me veo en la obligación de avisarte de que las siguientes líneas no recogen nada más (ni tampoco menos) que mi simple y sencilla opinión acerca de un ¿fenómeno? conocido como el free bleeding (sangrado libre).

Ayer me tropecé con este artículo en el que se explica el punto de vista de una colega de profesión, psicóloga y sexóloga, sobre este tema. Si te soy sincera, no había oído hablar de esto más allá del hecho de saber que algunas mujeres son capaces de identificar (sentir) el momento en el que están sangrando (expulsando el endometrio de su útero) y que, si han alcanzado el nivel dios en los ejercicios Kegel, son capaces de utilizar la fuerza de su suelo pélvico para evitar, o posponer, la «expulsión» del endometrio no utilizado por falta de fecundación ese mes.

Vale, hasta aquí, como curiosidad, habilidad, llámalo X, de acuerdo. Ahora bien, cuando empezamos a mezclar churras con merinas… es decir, feminismo con menstruación… #YoYa

El citado artículo recoge que el bleeding free«tomó cariz de movimiento feminista empoderador, nacido como protesta a raíz de la aparición de algunos casos del síndrome del shock tóxico (luego matizo este punto) asociado a los tampones» en la década de los 70 porque las mujeres vivimos oprimidas (patriarcalmente, se entiende) por la menstruación. Se considera(ba, ¿no?) sucia, pecaminosa, tabú, vergonzante (es decir, que hay que ocultarla porque causa vergüenza) y vergonzosa (porque nos causa vergüenza, por ejemplo, manchar la ropa) y muchas mujeres «han comenzado a practicar el free bleeding para ser libres». ¿Ho-la?

Mejor voy por partes, pero desde el principio… porque no tiene desperdicio.

«La obsesión por no manchar los vaqueros o la falda –y que todo el mundo sea testigo– es casi generalizada en todas las mujeres desde que les baja su primera menstruación»reza el artículo en su primer párrafo. Vamos a ver… Si se puede considerar obsesión al hecho de prestar la suficiente atención a no ir dejando huella, cual babosilla protagonista de película gore serie B, pues sí: vivimos obsesionadas por no mancharnos la ropa de sangre ni hacer transferencias en mobiliario urbano o propio, que diría Grissom, y anunciar, así, al mundo que nos ha venido la regla; pero entiendo que partimos de la misma obsesión (llámame loca) que nos impulsa a evitar el tonito parduzco en caso de diarrea, ¿no?

«Si estás harta de vivir con este miedo y presión todos los meses…» – continúa en el siguiente. ¿Miedo? ¿Presión? Pero estas muchachas tienen la regla ¿o un pitbull en plena operación bikini?

 “Cuando a las niñas les viene la regla, casi nunca tienen la opción de que alguien les diga que pueden sangrar de forma libre y natural, sino que automáticamente les dan una compresa”. ¡Ya sabía yo que mi madre tiene la culpa de todo! Mira que darme la opción de usar compresas o tampones pudiendo decorar la casa al más puro estilo de Miró o Kandinsky. ¡Cuánta creatividad reprimida, mamá! ¡Cuánta!

«Asimismo, la sexóloga considera que la mayoría de productos de higiene íntima no suelen ser muy beneficiosos para la salud. “Los tampones tienen sustancias tóxicas, como los blanqueantes para que parezcan algodón, que están en contacto directo con la mucosa y resecan mucho la vagina por dentro”, sentencia Iserte». Vamos a ver, para que parezcan algodón, no, porque tienen algodón (entre otros componentes) y todo lo relacionado con la higiene es blanco porque es el color que se asocia con la limpieza, la pureza y cositas por el estilo. ¿O de qué color suelen ser los rollos de papel higiénico, los pañales, los kleenex, las servilletas (salvo que sea Navidad en casa de la Sra. de Morán) o, incluso, las sábanas de hospitales y hoteles? Pues eso: copito de nieve. Y con lo de las sustancias tóxicas, se vuelve a hacer referencia al síndrome del shock tóxico que NO lo producen las sustancias blanqueantes de los tampones. El TSS (Toxic Shock Syndrome) está causado por una toxina producida por algunos tipos de bacterias estafilococos. Los primeros casos descritos entre los años 70 y 80  afectaron a mujeres que usaban tampones, pero el mismo síndrome tiene otras causas como  infecciones cutáneas, quemaduras y post- operatorios. Incluso lo pueden padecer niños y… ¡hombres! Y salvo filias sexuales concretas, no suelen usar tampones. Puedes saber más y mejor sobre este tema consultando, por ejemplo, este enlace.  Así que no, por aquí tampoco cuela o cuando el artículo dice que «existe la opción de las bragas menstruales que absorben el flujo» no son blancas?

Compro que la menstruación ha sido demonizada por ignorancia (del mismo modo que se pensaba que el Sol era un dios o que la lluvia era llanto de angelitos); compro que la regla tiene asociada infinidad de mitos sexuales y de la vida cotidiana como «no puedes ducharte porque se te corta», «no puedes practicar el sexo teniendo la regla» o el chiste simplón que dice que «no te puedes fiar de alguien que sangra durante más de 3 días y no se muere».  Salvo el tema del humor (¡qué le vamos a hacer, no todos los que cuentan chistes son humoristas!), compro que tenemos que educar y educarnos en lo que es (y lo que no) la menstruación, que tenemos que desmontar mitos y construir rigurosidades.

Ahora bien, de ahí a convertir el sangrar libremente cual aspersor, manchando ropa y mobiliario (me parece incómodo y poco práctico tener que ir con una toalla para ir poniéndola cada vez que me quiera sentar, la verdad) en bandera del feminismo es… inconcebible.

La menstruación es una condición biológica, no social (aunque tenga consecuencias sociales). No es el patriarcado ni la falocracia opresoras quienes nos dictan usar compresas, tampones o copas menstruales, sino el SENTIDO COMÚN. Del mismo modo que no orinamos donde nos entran ganas, ni plantamos el pino (por muy biodegradable que pueda ser) en cualquier parte, no erotiza esto de sangrar libremente (por la vagina, ni por la nariz en un momento dado) por una mera y sencilla cuestión de higiene, aseo, limpieza y salubridad. ¿O también vamos a proponer que los niños no usen pañales para que puedan orinar y cagar libremente para no traumatizarlos ni oprimirlos?

Cuando hoy en día se habla de que la regla es sucia, ya no es en un sentido peyorativo, es… porque mancha, ¡sin más!

Sé que el feminismo (o los feminismos, porque al paso que vamos) vive una época complicada, indefinida. Lleva tantas «olas» que más que un movimiento parece un tsunami y temo que acabe teniendo consecuencias similares. En resumidas cuentas, sangrar por la menstruación es femenino, pero no tiene nada de feminista.

Si has llegado hasta aquí, gracias y si mi opinión o sentido del humor te ha ofendido… 😉