De armadillos y erizos. Estilos comunicativos.

Si tienes la mala suerte de conocerme, personal o profesionalmente, sabes bien que soy una firme defensora de la comunicación y, en especial, de la comunicación explícita, sincera, respetuosa y asertiva (no confundir con el sincericidio: la sinceridad empleada sin tener en cuenta el impacto en el otro, es decir, sin empatía).

El objetivo de este post es intentar transmitir la relevancia que tiene la comunicación en las relaciones personales porque, lamento decirte que, la telepatía no existe. Además, los elementos que intervienen en la comunicación son más y bastante más complejos que los que nos contaron en la asignatura de Lengua en el colegio (pero esto lo dejaremos para otra ocasión, que me emociono y acabo escribiendo un libro en vez de un breve artículo).

Todas las semanas me encuentro con casos que confirman lo mal que se nos da esto de comunicarnos. Por ponerte un ejemplo, aunque las demandas de las terapias de pareja son bastante variadas, en un alto porcentaje de los casos el problema de base es la comunicación. Es decir, pueden tener dificultades en sus relaciones sexuales, o problemas relacionados con la intimidad o la confianza, con la familia extensa, la educación de los hijos o la logística doméstica, porque no saben comunicarse o no lo hacen de forma eficaz.

En ocasiones se debe a que uno (o los dos miembros) de la pareja no encuentran la forma de transmitir lo que piensan o sienten y optan por el silencio (de forma voluntaria o involuntaria, por resignación o por sentirse incompetentes). En otras el motivo es que, a pesar de haber comunicación, ésta no es respetuosa, adecuada y/o funcional.

Estas dos descripciones son las posturas o ejemplos más extremos de un continuo en el que todas las personas nos vamos ubicando en función del momento, de la persona con la que discutimos y, también, del problema. Además es aplicable tanto a relaciones de pareja, como de amistad, familiares y profesionales.

Tanto en mis relaciones personales como en las profesionales, tiendo a usar metáforas para conseguir transmitir lo que pienso y siento. Cuando en terapia hablo de la comunicación funcional, para ilustrar estos dos extremos, suelo servirme de dos entrañables animales: el armadillo y el erizo.

Comportarse como un armadillo

Para algunas personas son unas simpáticas criaturillas que ante una situación de amenaza o peligro son capaces de enrollarse sobre sí mismas gracias a su caparazón, formado por placas dispuestas a lo largo de su cuerpo como si fueran una armadura.

Armadillo de 9 bandas adoptando su característica postura de protección.

Si extrapolamos esta conducta a la comunicación humana, nos encontramos ante una situación en la que ésta se ve obstaculizada por el silencio. Un arma de doble filo porque, lejos de lo que puedas pensar, el silencio, para bien o para mal, comunica. Y las dudas o ambigüedades que pueda inspirar en la otra persona serán satisfechas por sus propios miedos, prejuicios, expectativas, deseos, sesgos, etc.

El silencio también comunica. Cuando nos quedamos callados, pensando que nada de lo que pensamos o sentimos “sale”, nos equivocamos.

No podemos olvidar que la comunicación no verbal también habla: las miradas, los gestos, la postura corporal, la distancia entre los cuerpos de los interlocutores, el tono de voz…

Podemos trasmitir mucho sin decir una palabra. ¿Ves?

Así es como surgen muchos de los malos entendidos y discusiones en las relaciones afectivas porque recuerda…

Comportarse como un erizo

Tengo entendido que en los últimos años se han convertido en uno de los animales más solicitados como mascotas. Aparte de mi hermana pequeña, nunca he tenido animales en casa, así que desconozco si son adecuados o no como animales domésticos. Lo que sí puedo afirmar es que como pareja, amig@ o familiar no son nada recomendables. Al igual que los armadillos, ante una situación de peligro o amenaza, se hacen bolita sobre sí mismos pero tienen un arma extra: sus púas. Si te acercas te harás daño con ellas, voluntaria o involuntariamente por ambas partes.

¡Cuidado con las púas!

Si traducimos esta metáfora nos encontramos con interacciones en las que la otra persona dispara su dolor, su frustración, su enfado (podéis imaginar más emociones negativas) contra su interlocutor. Es decir, nos agredimos. Seguramente no con la intención de dañarlo (aunque, probablemente, lo consiga), sino porque no sabe cómo gestionar la situación, ni las emociones y pensamientos que necesita comunicar.

En ocasiones, acabamos heridos por las púas de la otra persona porque no elegimos el momento y/o lugar adecuados para mantener una determinada conversación. Es muy importante recordar que no sólo nosotros debemos estar disponibles y dispuestos para mantenerla, conviene tener en cuenta cómo se encuentra la otra persona.

Otro de los errores comunicativos que acaban haciendo que vuelen las púas por la habitación es etiquetar y juzgar a la otra persona en vez de su comportamiento, así como transmitir un mensaje culpabilizador. No os lo explico, lo hago (como Goyo Jiménez):

Imaginemos que una mujer (perdonadme la licencia de poner un ejemplo acorde con mi propio género, me resulta más fácil así) desea pasar más tiempo con su pareja los fines de semana. Sin embargo, ésta es muy aficionada el fútbol y durante la Liga (¿11 meses de 12, no?) intenta organizar los planes en pareja en función del calendario futbolístico y a ella le duele.

– Eres un egoísta. Te importa más el fútbol que yo. Siempre me dejas sola y me siento mal por tu culpa.

El mensaje es claro: el malo eres tú y eres culpable de mi malestar. Cuando nos sentimos atacados es muy poco probable que estemos disponibles para el diálogo.

Si lo que deseas es que tu pareja pase más tiempo contigo es más sano y funcional que te sinceres y transmitas lo que sientes y hagas una propuesta o petición sobre la que negociar. Una vez más, no lo explico, lo hago:

– Cariño, cuando los fines de semana nos organizamos en torno al fútbol siento que tiene más peso que nuestros propios planes. Eso me hace sentir mal. ¿Qué te parece si algún fin de semana hacemos una escapada? Podríamos elegir uno en el que el partido no sea muy relevante y no te importe no ir al estadio.

Al principio, la comunicación asertiva siempre resulta poco natural, pero es por una buen motivo: es una habilidad que se puede aprender. Por eso al principio puede resultarnos poco espontánea, pero con el tiempo y la práctica, fluye. Consiste en ser capaces de ser respetuosos con nosotros mismos (nuestros deseos, emociones, pensamientos, etc.) siendo igual de empáticos y respetuosos con los del otro.

Intenta que tu comunicación sea lo más explícita y respetuosa posible. Si no sabes cómo, se puede aprender.

Si quieres saber más sobre comunicación humana, te recomiendo el libro Teoría de la comunicación humana: interacciones, patologías y paradojas de Paul Watzlawick