¿Por qué lo llaman vagina cuando deberían decir vulva?

Siempre me ha resultado sorprendente la cantidad de apodos que existen para los genitales masculinos. Por ejemplo para el pene los hay formales (como miembro viril), gastronómicos (como morcilla o salami), infantiles (como pilila o pitilín), metafóricos (como manguera), divertidos (como la flauta de Bartolo que tiene un agujero sólo) y algunos más que, según quién y cómo te los diga, pueden resultar terriblemente eróticos (quizás otro día me anime y te cuente…)

El miembro viril tiene nombres mil.

En mi humilde opinión, no sucede lo mismo con la anatomía genital femenina. Por supuesto tenemos los formales (como vagina) y algunos simpáticos (como sonrisa vertical); sin embargo, la mayoría de los apodos son infantiles (como chichi), culinarios (como almeja, castaña o seta), relacionados con la flora y fauna (como conejo o flor) y también los hay desagradables, además de pelín despectivos (como felpudo, potorro o chumino).

Para lo femenino, ni el mejor adivino.

Para colmo de males, los nombres de algunas partes se utilizan como sinónimos (sin serlo) y otras (casi) no tienen ni nombre. Ya sabes que «de lo que no se habla, no existe» y si, superando el pudor y la falta de educación sexual, por un casual conseguimos hacerlo (me refiero a hablar sobre ello) puede que ni siquiera estemos refiriéndonos a lo mismo.

Desde niña he sido consciente de la confusión y poca claridad que hay en torno a este tema. Yo misma tardé más años de los recomendables en saber qué es y dónde está cada cosa y me consta que no soy la única. De hecho, compruebo con frecuencia cómo hoy en día sigue sucediendo, tanto dentro como fuera de la consulta. Creo que es importante que empecemos a sustituir la enigmática, difusa y global expresión “lo de ahí abajo” por los nombres y apellidos de cada una de las (maravillosas) partes de los genitales femeninos.

He de reconocer, sin embargo, que la excusa para escribir este post surgió por la publicación (e inevitable compra del ejemplar) de “El libro de la vagina“. Tiene unas críticas estupendas que comparto. Está bien explicado, es claro, riguroso y revisa concienzudamente todo lo que concierne a los genitales femeninos; pero, valga la redundancia, tiene un pero: el título. En mi opinión, sería más adecuado que se llamara “El libro de la VULVA”, y no de la “vagina” porque ésta es una de las partes de nuestros genitales, no es el conjunto de los genitales.

“El libro de la vagina”, de Ellen Stokken Dahl y Nina Brochmann (Editorial Grijalbo, 2017)

Pero, como te decía, el libro es la excusa y no el tema, así que vamos con las presentaciones. Para no saturarte en exceso, sólo conoceremos sus nombres y una breve descripción de cada una de ellas, pero confío y espero que será suficiente para hacernos una idea clara.

Genitales femeninos

Vulva. He encontrado más de una definición. La de la RAE te animo a saltártela, pero como sé que no vas a poder evitarlo porque «la curiosidad mató al gato», aquí te la dejo. Sin comentarios, ¿verdad? Podríamos definir la vulva como el conjunto de los genitales externos femeninos que incluye el monte de Venus, el capuchón y glande del clítoris, la abertura vaginal, el orificio uretral y los labios vaginales mayores y menores.

Monte de Venus. Recibe su nombre en honor a la diosa romana del amor, la belleza y la fertilidad. Se trata de una almohadilla de tejido adiposo cubierta de piel y vello, situada sobre el hueso púbico. Aunque no es tan sensible como otras zonas, la presión y estimulación del mismo puede proporcionar placer ya que el clítoris se encuentra debajo.

Labios mayores. Nacen en el pubis y llegan hasta el ano. Su principal función es la de proteger la mayor parte de los genitales femeninos, aunque  otra de sus tareas está relacionada con el placer. Su estimulación lo proporciona ya que son muy sensibles al tacto y también se hinchan cuando las mujeres nos excitamos.

Labios menores. Se unen por arriba formando el capuchón del clítoris y se juntan bajo la apertura vaginal. En algunas mujeres pueden superar la extensión de los mayores y sobresalir. A pesar de lo que la pornografía tradicional intenta promover, es totalmente funcional. No es necesario intervenirlos quirúrgicamente (labioplastia) salvo en aquellas ocasiones en las que provocan molestias o problemas de salud. Están muy inervados, por lo que son muy sensibles y cambian de color y tamaño durante la excitación.

Glande del clítoris. Es la parte visible, externa, del clítoris, el resto del órgano (sí, hay más) es interno. En este sentido hay bastante confusión respecto del tamaño y ubicación del mismo. Muchas personas piensan que el clítoris es únicamente su glande. Si quieres saber más sobre este maravilloso órgano cuya única función es el placer, puedes leer más aquí.

Abertura de la uretra. Es el orificio por el que sale la orina y la uretra es el conducto que conecta la vejiga con el exterior. A los lados de la abertura se encuentran las Glándulas de Skene que son homólogas en su origen embrionario y funciones a la próstata masculina.

Glándulas de Skene y de Bartolino

Abertura de la vagina. También conocido como introito vaginal, da acceso a la vagina. Lejos de la creencia popular de que ésta es como un tubo o túnel, he de decirte que la vagina es, en realidad, un espacio virtual. Me explico: en estado de reposo, es decir, cuando no hay nada entrando (ni saliendo), las paredes vaginales se tocan. Esa cavidad que imaginamos al pensar en la vagina no existe hasta el momento en el que hay una penetración, la introducción de un objeto o un parto. En esos momentos las paredes de la vagina, gracias a la musculatura que la rodea (músculos pubocoxígeos), a su resistencia y a su gran elasticidad, se adaptan.  En este apartado también merece que mencionemos las Glándulas de Bartolino. Están situadas a cada lado de la apertura vaginal y normalmente no son visibles, pero segregan un líquido lubricante que facilita la penetración al humedecer los labios vaginales.

Perineo y ano. Aunque no sean estrictamente consideradas genitales, creo que es importante mencionarlas ya que pueden ser fuentes de placer sexual ya que están muy inervadas y son muy sensibles a la estimulación.

Y hasta aquí el tour. Espero  que ahora contemos con la información necesaria para hablar (y disfrutar) con propiedad con y de los genitales femeninos.