Las aplicaciones del sexo

Pensarás que no hace falta un post para explicar para qué sirve el sexo. Yo, por lo que me encuentro en consulta y fuera de ella, no estaría tan segura. Sin embargo, en esta ocasión no me refiero a las aplicaciones prácticas del sexo, sino a las aplicaciones que podemos descargar del Play Store o del Apple Store para ligar o buscar parejas sexuales.

En alguna ocasión han contactado conmigo profesionales de los medios de comunicación para conocer mi opinión como psicóloga y sexóloga acerca de cómo influye Internet, el porno o este tipo de aplicaciones en nuestra forma de vivir y experimentar la sexualidad y las relaciones afectivas.

Como da para mucho, en esta ocasión únicamente voy a exponer las ventajas y desventajas que, por mi experiencia profesional, percibo en estas apps. Del hecho de que cada vez haya más aplicaciones que buscan facilitarnos la tarea de encontrar pareja sexual (y/o romántica) podemos deducir que alguna ventaja tendrán.

Para empezar son fáciles de usar. A prácticamente la mayoría de ellas se puede acceder tanto desde el ordenador como desde el móvil. Es decir, que podemos abrirlas en cualquier momento y lugar. En teoría, dan la posibilidad de satisfacer el deseo (sexual, de seducir, etc.) de forma rápida y sencilla. En ocasiones, hasta inmediata.

Además lo hacen brindando una especie de escudo protector al usuario: los filtros, preferencias y mecanismos que emplean para conectar a las personas, en principio, aumentan las probabilidades de éxito y reducen las de fracaso. Es decir, frente al estilo tradicional, pueden ahorrar tiempo en el flirteo y reducir el nivel de humillación en caso de rechazo. También dan una agradable sensación de control: eliges quién se puede dirigir a ti y tienes cierta información previa para decidir a quién te diriges tú.

La virtualidad del contacto inicial también puede verse como una ventaja. Puede ayudar a que las personas sean más atrevidas, más valientes, más explícitas, más directas, incluso a sortear algunas dificultades en las habilidades sociales o un exceso de timidez. Por facilitar, facilitan hasta el número de personas a las que se puede cortejar, ya que, al no estar físicamente, se puede interactuar con varias personas a la vez, aumentando las probabilidades de éxito.

Algunas de las aplicaciones para ligar más utilizadas. (Sí, es posible que esté abusando de las nubes de palabras. Perdón.)

Es decir, Internet, las redes sociales y este tipo de aplicaciones están cambiando nuestra forma de relacionarnos no sólo social (Facebook, Twitter) o profesionalmente (LinkedIn), sino que también están ayudando a sacar el sexo del armario. ¡Bien!

Sin embargo, no todo el monte es orégano. Las expectativas que se generan en torno a la persona, a la interacción o incluso en torno a la relación sexual pueden dar (y dan) problemas.

Por una parte están las expectativas que se generan en torno a la otra persona. De la misma manera que estas aplicaciones nos permiten crear una imagen idílica de nosotros mismos, la misma oportunidad tienen los demás. Incluso aunque hubiera la más cruda sinceridad por ambas partes, es inevitable que nuestros deseos adornen nuestras expectativas, ya sean sexuales y/o románticas.

Esto sucede porque a través de las conversaciones que se tienen en los chats se van creando una confianza y una intimidad que no dejan de ser virtuales. Es posible que el tiempo ganado en ahorrarse el cortejo y las posibles calabazas no compensen la decepción experimentada cuando se pasa de lo virtual a lo real. Y esta decepción puede deberse a un exceso de idealización o a que nos hayan engañado vil e intencionadamente.

Hay otro grupo de expectativas que también pueden no cumplirse. La publicidad de la mayoría de estas aplicaciones nos vende la idea de poder conseguir sexo casual, sexo esporádico, sexo sin amor, sin compromiso. A primera vista no tiene por qué haber ningún problema. Ya es hora de que vayamos superando el mito del amor romántico, según el cual no hay sexo si no hay amor. Sin embargo, en este punto hay un error de concepto. ¿Se pueden tener relaciones sexuales sin amor? Sí, ¡por supuesto! ¿Pero se pueden tener relaciones sexuales sin emociones? No.

Una vez que establecemos una relación (aunque sea esporádica y puntual) real con esta persona virtual podemos tropezarnos con emociones que no esperábamos: desengaño, decepción, curiosidad, apego, cariño, deseo de continuar esa relación o de repetir el encuentro. Y estas emociones pueden ser correspondidas o no.  Vamos, lo de toda la vida. ¿Dónde está la desventaja? En que muchos de los usuarios de estas aplicaciones se presuponen a salvo, exentos, de estas posibles situaciones y emociones. Cuando se las encuentran, no saben muy bien qué hacer con ellas.

En resumen, estas aplicaciones permiten ahorrar tiempo y filtrar según nuestros deseos e intereses a la hora de buscar pareja(s) sexuales y/o románticas; sin embargo, la sensación de seguridad y control no es tan real como nos la venden. Te puedes llevar las mismas alegrías y decepciones que en la vida real. Aunque nos lo intenten hacer creer, no creo que hayan inventado la rueda.


Si has llegado hasta aquí, te recomiendo que te des un paseo por este estupendo artículo, «Sexo, mentiras y un par de tuits», de Celia Blanco, presentadora y directora del programa “Contigo dentro” de la Cadena SER.