¿Qué factores hacen posible que ver la televisión sea beneficioso para la relación?

A raíz de la colaboración que me planteó Kristin Suleng hace unos días en relación con una investigación publicada en la revista Journal of Social and Personal Relationships que sostiene que compartir ocio televisivo puede mejorar la relación de pareja ante la falta de una red común de amistades, he reflexionado acerca de las implicaciones que tienen las conclusiones del estudio: ¿Por qué es bueno? ¿Y en qué consisten esos beneficios? ¿Se puede extrapolar a otras actividades?

¿Qué factores hacen posible que ver la televisión sea beneficioso para la relación?

Me gustaría aclarar que cuando se habla de “ver juntos la televisión” se entiende precisamente a eso, a “ver” y no a “mirar”. Es decir, a compartir de forma activa un programa, una serie o una película; a intercambiar opiniones, a comentar el contenido, a fantasear con lo que puede pasar, a comentar incoherencias, a mostrar desacuerdos, a debatir, etc. No a que la televisión se convierta en el elemento que mantiene la relación en equilibrio porque rellena los silencios y el tiempo de la pareja.

Una de las bondades de esta actividad es que favorece que la pareja pueda compartir el tiempo y el espacio con una actividad satisfactoria para ambos. Es positivo para la relación de principio a fin porque, como los viajes, se puede empezar a disfrutar desde el momento en el que se planifica y hay ilusión. Ambos estarán deseosos de que llegue el momento acordado para ver el programa o la serie, quizás hayan planeado acompañar la experiencia con alguna comida o picoteo que les guste y me gustaría pensar que silenciarán los móviles para que nada interrumpa ese tiempo que han decidido estar juntos.

Por otro lado, si la elección del contenido es compartida, ambos coinciden en la expectativa de que les gustará. Si la iniciativa es unilateral (aunque consentida), la persona que ha hecho la elección estará deseando compartir con su pareja algo que piensa o sabe que le gustará, y lo vivirá como una especie de regalo. Si ninguno de los dos tiene expectativas en este sentido, sino que van a ver algo por recomendación de un tercero o de las sugerencias de la plataforma de turno, partirán a la vez y desde el mismo punto hacia la aventura.

Otro aspecto a tener en cuenta, es la intimidad que les brinda su casa. Van a poder disfrutar de esa actividad a solas o, por lo menos, en la privacidad de su hogar. Esto favorece conductas afectivas que es más fácil que tengan lugar en situaciones de intimidad y exclusividad, como sentarse juntos, recostados, abrazados, acariciarse, darse un masaje o cada uno en un sofá. Es decir, como les dé la gana, pero siempre como ambos deseen.

Sin embargo, me gustaría matizar que cuando el artículo habla de que la red social compartida en la ficción puede compensar la falta de una red e identidad sociales de la pareja en el mundo real en ningún caso puede sustituirla. Una red social ficticia, “adoptada” de las creadas en las series, como por ejemplo las cuatro protagonistas de la serie “Sexo en Nueva York” o los clanes familiares de “Juego de Tronos”, en ningún caso serán los amigos o familiares de la pareja. No se les puede invitar a cenar ni pedir ayuda en caso de necesidad. Por este motivo me parece inadecuado establecer ese paralelismo o la idea de que uno compensa la ausencia del otro, ya que puede llevar a la idea errónea de que son sustituibles.