Diminuto

El bulto es diminuto. Desde fuera ni siquiera se nota. Sólo quienes se aproximan mucho a ella pueden darse cuenta y, la mayor parte de las veces, debe hacerlo explícito para que lo perciban.

De hecho, es sorprendente el dolor que puede llegar a provocar algo tan pequeño. Es como si estuviera cubierto de espinas. Unas finísimas y largas, capaces de enraizarse en su alma y no soltarla.

La mayor parte del tiempo puede llevar una vida totalmente normal. Acude al trabajo, descansa, come, se relaciona e, incluso, se divierte. Sin embargo, los primeros acordes de una canción, un lugar, un olor o una palabra son capaces de recordarle que, aunque oculto, sigue ahí, que ha clavado las garras en ella y que no tiene previsto marcharse.

Aunque sabe que no tiene sentido, no sabe cómo deshacerse de él. Es tan irracional como insidioso. Cuando se hace notar, casi siempre es capaz de distraerse y condenarlo de nuevo al pequeño bolsillo que ha logrado crear en su conciencia, pero otras veces no. Otras veces saca aquel pequeño trozo de papel. Con cada pliegue desdoblado las lágrimas acuden a sus ojos hasta que apenas puede distinguir las cinco letras allí escritas. Tras largos minutos consigue doblarlo de nuevo, para volver a su vida y hacer como si no existiera. Hasta la próxima vez.


Este relato ha sido escrito para @divagacionistas en su convocatoria #relatosBolsillos de junio de 2017.