La curiosa (e intermitente) historia del clítoris

Quizás te preguntes cómo se ha podido ningunear un órgano tan genial como el clítoris. No te preocupes, te lo cuento. El paradigma en el estudio de la sexualidad ha sido androcéntrico: el centro de atención ha sido la reproducción y los problemas sexuales del hombre. Esto ha provocado que, a excepción de su finalidad para la fecundación, la sexualidad, el placer y los órganos femeninos hayan sido relegados a un segundo plano. Lo cual no deja de ser paradójico ya que mientras el cuerpo femenino es símbolo y metáfora de la sexualidad en nuestra cultura, el clítoris siempre ha permanecido oculto.

Άδάμας (Inconquistable), 2014, escultura de Sophia Wallace
Matteo Realdo Colombo (autor anónimo)

Se sospecha que se tuvo conocimiento del clítoris antes de 1559. Sin embargo, no se tiene constancia de ello hasta esta fecha ya que corresponde con el año de publicación de la obra De re anatomica de Mateo Colombo, profesor de cirugía de la Universidad de Padua. Por desgracia, fue la obra de su mentor, Andreas Vesalius, la que alcanzó la fama. Vesalius, gran anatomista, dejó fuera de juego a nuestro protagonista al limitarse a investigar los órganos reproductores femeninos.

Un siglo después, en el XVII, el médico y anatomista holandés Regnier de Graaf recuperó el clítoris y sus placeres, defendiendo que, gracias a su existencia, las mujeres aceptaban engendrar hijos.

Durante dos siglos más volvió a caer en el olvido hasta 1844, fecha en la que el anatomista alemán George Covel elaboró unas ilustraciones del clítoris realistas y de gran calidad. Éstas estuvieron presentes en los manuales de medicina y anatomía más prestigiosos (como en diferentes ediciones del Gray’s Anatomy) hasta 1948, fecha en la que volvió a desaparecer.

Tuvo que llegar la década de los 60 para que el clítoris (entre otros) saliera del ostracismo sexual de la mano de algunos expertos como el ginecólogo William H. Masters y la psicóloga Virginia E. Johnson.

Helen O’Connell, uróloga australiana, publicó en 2006 los resultados de sus estudios realizados desde 1998, obtenidos empleando recursos de la medicina moderna —resonancia magnética y disección de la vulva en mujeres fallecidas. Ella ha sido la primera en estudiar el clítoris de este modo.

Sin embargo y pese a todos los esfuerzos sigue siendo demasiado invisible. Para muestra un botón: el clítoris no aparece en los textos ni en la mayor parte del material dedicado a la educación sexual. ¿Por qué? Simple y llanamente, porque no forma parte del sistema reproductor.