«Preliminares, priliminiris», el título de mi charla en #Naukas17

Hace unos días se celebró #Naukas17 en Bilbao, en el marco de Bizkaia Zientzia Plaza. El Palacio Euskalduna acogió, por primera vez, este magnífico y fantástico evento que, desde 2011, reune a más de un centenar de científicos y divulgadores que colaboran en esta maravillosa tarea de divulgar ciencia con escepticismo y humor.

Este año, me dieron la oportunidad de estar entre sus filas y, por primera vez, una sexóloga se perdió en Naukas para hablar de los preliminares.

Puede ser considerado como preliminar todo lo que va desde una invitación a cenar hasta el sexo oral. De lo que no hay duda es de que se considera preliminar todo aquello que precede a la práctica sexual por antonomasia: el coito.

Para saber hasta qué punto esto es beneficioso (o no) para nuestra sexualidad y relaciones sexuales te invito a perderte conmigo en el siguiente vídeo.

Laura Morán: Preliminares, priliminiris (9’53”) 16/09/2017 EITB.EUS

 

¿Todas las actividades de ocio compartidas en pareja son buenas para la relación?

Según la investigación publicada en la revista Journal of Social and Personal Relationships compartir el ocio televisivo puede mejorar la convivencia y la relación de pareja ante la falta de una red común de amistades. De éstas y otras conclusiones se hizo eco Kristin Suleng en su artículo del pasado fin de semana en la sección Buena Vida de El País. Tuve la suerte de poder participar en él aportando mi punto de vista como psicóloga y terapeuta de pareja.

Otra de las cuestiones que se planteaban es si los resultados arrojados por la citada investigación eran extrapolables al resto del ocio compartido en pareja.

¿Todas las actividades de ocio compartidas en pareja son buenas para la relación?

Seguramente sí, pero con matices. Un elemento que debe estar siempre presente en cualquier actividad compartida en la pareja es el consenso. Algo que las parejas en demasiadas ocasiones no sabemos hacer bien es negociar y llegar a él. Según mi experiencia profesional, dos tercios de los casos de terapia de pareja que recibo en consulta tienen problemas de comunicación. Dificultades que se reflejan en su vida sexual, en la educación de los hijos, en las relaciones con las familias políticas o en la gestión del tiempo de ocio, tanto compartido como individual.

Por eso no podemos dar por sentado que toda actividad compartida es beneficiosa. Lo será siempre y cuando sea consensuada. No conviene que sea siempre el mismo miembro de la pareja quien se resigne, ceda o renuncie ya que eso genera resentimiento y contamina el vínculo y el afecto de la pareja. Por este motivo, es conveniente que todas las actividades de ocio o entretenimiento realizadas en pareja sean consensuadas y equilibradas para que puedan ser beneficiosas no sólo para un miembro de la pareja, sino para la relación.

Acerca de si son igual de beneficiosas otras actividades de entretenimiento en pareja, en mi opinión sí siempre y cuando cumplan con dos condiciones: acuerdo en la pareja para llevarlas a cabo y que sean satisfactorias y placenteras.

 

¿Qué aporta a la relación de pareja compartir el ocio televisivo?

Como veis, las reflexiones que hay detrás del artículo publicado por Kristin Suleng en la sección Buena Vida de El País el pasado fin de semana han dado para mucho. No sólo hablamos de por qué mejora la relación, sino también sobre los aspectos en los cuales se perciben esos beneficios.

¿Qué aporta a la relación de pareja compartir el ocio televisivo?

Favorece la cohesión y sentido de pertenencia de la pareja. Realizar una actividad juntos y en exclusividad refuerza la identidad de la pareja: el “nosotros”. Aunque, como mencionaré más adelante, el “nosotros” nunca debe engullir al “yo” y el “tú”.

También favorece el compromiso y la confianza. En estos casos, lo habitual, es acordar no avanzar en los capítulos de la serie o la película sin estar los dos juntos e intentando elegir un día que se adecue lo mejor posible a la agenda de ambos.

Por otro lado, puede ser una estupenda oportunidad para que las parejas aprendan a comunicarse y llegar a acuerdos de forma más funcional y sana. Les puede servir como entrenamiento para desarrollar habilidades comunicativas como la asertividad (ser capaces de defender nuestros derechos y deseos respetando los del otro) , de forma que ya sepan cómo hacerlo en situaciones más tensas o peliagudas como la educación de los hijos, la administración del presupuesto familiar o cómo pasar las Navidades.

La comunicación, además, no será sólo necesaria para decidir qué ver, sino también para debatir sobre lo visto. Por ejemplo, si ambos ven “Juego de Tronos” es posible que no sientan simpatía por los mismos personajes, quizás uno sea partidario de John Nieve mientras que el otro prefiera que la Reina de Dragones los gobierne a todos.

Siguiendo con esta idea, también puede ser una buena ocasión para entrenar la tolerancia y el respeto, para aprender que no es necesario, como pareja, estar de acuerdo en todo ni compartir todos los gustos. Una vez compartida una película o una serie puede que a uno le haya gustado más que al otro. Es posible que deban acordar terminar de ver la serie por separado (porque a uno de ellos no le haya gustado) sin que eso implique poner en tela de juicio la unión de la relación, el amor del otro ni la identidad de la pareja. Una de los mitos del amor romántico reza que dos personas que se aman deben tener el mismo pensamiento; que cuando dos personas se quieren el yo debe dejar paso al nosotros, etc. Ideas erróneas como ésta sobre el amor y las relaciones dificultan que algunas parejas funcionen adecuadamente. Ver la televisión juntos, insisto, puede crear un escenario poco peligroso para ensayar nuevas actitudes frente al amor, menos orientadas al fusionarse y más al compartir.

¿Qué factores hacen posible que ver la televisión sea beneficioso para la relación?

A raíz de la colaboración que me planteó Kristin Suleng hace unos días en relación con una investigación publicada en la revista Journal of Social and Personal Relationships que sostiene que compartir ocio televisivo puede mejorar la relación de pareja ante la falta de una red común de amistades, he reflexionado acerca de las implicaciones que tienen las conclusiones del estudio: ¿Por qué es bueno? ¿Y en qué consisten esos beneficios? ¿Se puede extrapolar a otras actividades? Continuar leyendo “¿Qué factores hacen posible que ver la televisión sea beneficioso para la relación?”

Relaciones de pareja y televisión: mi colaboración en un artículo de El País

Hace unos días Kristin Suleng, periodista de El País, se puso en contacto conmigo para interesarse por mi opinión como psicóloga y terapeuta de pareja en relación con una investigación publicada en la revista Journal of Social and Personal Relationships que sostiene que compartir ocio televisivo puede mejorar la convivencia y la relación de pareja ante la falta de una red común de amistades.

“Es positivo para la relación de principio a fin porque, como los viajes, se puede empezar a disfrutar desde el momento en el que se planifica y hay ilusión. Ambos estarán deseosos de que llegue el momento acordado para ver la serie. La comunicación no será solo necesaria para decidir qué ver, sino también para debatir sobre lo visto. Si ambos ven Juego de Tronos, es posible que no sientan simpatía por los mismos personajes. Quizás uno sea partidario de Jon Nieve mientras que el otro prefiera que la Madre de Dragones los gobierne a todos. Pero no se trata de que la televisión se convierta en el elemento que mantiene la relación en equilibrio porque rellena los silencios y el tiempo de la pareja”, advierte la psicóloga y terapeuta de pareja Laura Morán.

Podéis leer el resto del artículo, en el que también participa la prestigiosa (y mi admirada) psicóloga Annette Kreuz aquí: “Espere a su pareja para ver Juego de Tronos, sus huesos se lo agradecerán“.

Diminuto

El bulto es diminuto. Desde fuera ni siquiera se nota. Sólo quienes se aproximan mucho a ella pueden darse cuenta y, la mayor parte de las veces, debe hacerlo explícito para que lo perciban. Continuar leyendo “Diminuto”

La cerradura

Desde que tenía memoria era consciente de su existencia. También de que no debía hablarse de ella. No podía preguntar qué se escondía detrás, por qué estaba ahí o qué tenía de malo acercarse.

– ¡No se toca! – le decía su madre, mientras le apartaba, suave pero firmemente, la mano.
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La curiosa (e intermitente) historia del clítoris

Quizás te preguntes cómo se ha podido ningunear un órgano tan genial como el clítoris. No te preocupes, te lo cuento. El paradigma en el estudio de la sexualidad ha sido androcéntrico: el centro de atención ha sido la reproducción y los problemas sexuales del hombre. Esto ha provocado que, a excepción de su finalidad para la fecundación, la sexualidad, el placer y los órganos femeninos hayan sido relegados a un segundo plano. Lo cual no deja de ser paradójico ya que mientras el cuerpo femenino es símbolo y metáfora de la sexualidad en nuestra cultura, el clítoris siempre ha permanecido oculto.

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El clítoris: en busca del órgano perdido

Aprovechándome del título de la ochentera película (En busca del arca perdida) de Indiana (Jones), me gustaría contarte una realidad (tristemente aún poco conocida) de la sexualidad femenina. ¿Ese órgano del cual muchos hablan, pero del que tan poco se sabe, existe?

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El final de la espera

Era un frío domingo de noviembre. Las pequeñas llevaban todo el día esperando, impacientes, la vuelta de sus padres. Tenían todo preparado para la fiesta de bienvenida. Habían preparado unos sándwiches y cortado fruta. También les había dado tiempo a confeccionar la pancarta — una nueva, cada vez — y de hacer los dibujos prometidos. No les costó mucho: les encantaba dibujar. Continuar leyendo “El final de la espera”